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miércoles, octubre 10, 2007

NUEVO DOCUMENTAL SOBRE PABLO ESCOBAR



DOCUMENTAL

PABLO:ÁNGEL O DEMONIO

PABLO:ÁNGEL O DEMONIO Una producción de MIGUEL SIERRALTA MEZA-JORGE GRANIER-PHELPS
COLOMBIA-VENEZUELA-USA

Director
JORGE GRANIER-PHELPS

Elenco

Es una película en formato de crónica documental y periodística, que destaca los dos ejes que equilibran el comportamiento humano: el bien y el mal, en el nuevo, más revelador y controvertido documental cinematográfico sobre la vida del capo colombiano Pablo Escobar Gaviria.


Guión CARLOS JULIO BETANCUR-GUILLERMO ZAFRA
Fotografía
Director de Arte
Música ADRIAN VAN WOERKOM
Edición - JORGE CISNEROS-BILLY REY

viernes, septiembre 30, 2005

PABLO ESCOBAR...HISTORIA DE COLOMBIA...TAMBIEN!!!!!!!!!!!






























jueves, septiembre 01, 2005

TODOS LOS OTROS y lo que hace referencia!!!!!

































jueves, agosto 04, 2005

Pablo Escobar

De Wikipedia, la enciclopedia libre.

Pablo Escobar

Pablo Escobar

Pablo Emilio Escobar Gaviria (12 de enero de 1949 - 2 de diciembre de 1993) fue el mayor capo de la mafia colombiana y probablemente el criminal más grande que ha tenido Colombia. Fue el líder de El Cartel de Medellín.

Empezó su carrera robando autos en las calles de Medellín pero pronto se involucró en el tráfico de marihuana hacia los Estados Unidos. En la década de los setenta se convirtió en una pieza clave para el tráfico internacional de cocaína, con el cuál llegaría a acumular una fortuna superior a los tres mil millones de dólares y a ser uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes.

Con su dinero construyó muchas muchas obras benéficas para los pobres, entre ellas varias canchas de fútbol y un barrio entero llamado “Medellín sin tugurios”. Se ganó así el apoyo popular que lo llevaría a la Cámara de Representantes por el movimiento Nuevo Liberalismo, que había fundado Luis Carlos Galán. Como congresista, fue invitado en 1982 a la posesión presidencial de Felipe González en España.

En 1983 fue expulsado del movimiento político y denunciado por el entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, a quien mandó a asesinar dando inicio a uno de los periodos más violentos de la historia reciente de Colombia.

Entre sus crímenes más notorios está el haber hecho estallar un avión de Avianca en pleno vuelo, con un saldo de casi doscientos muertos. En la campaña presidencial de 1989 asesinó a varios candidatos, entre ellos Luis Carlos Galán, quien tenía una clara ventaja en las encuestas y se perfilaba ya como el próximo presidente. También hizo dinamitar el edificio del DAS, la policía secreta colombiana, buscando acabar con su director, el general Miguel Alfredo Maza Márquez, quien salió ileso a pesar de que la edificación quedo completamente destruida. Dicho atentado le costó la vida a cerca de setenta personas y causó centenares de heridos.

Tras amedrentar al gobierno de César Gaviria Trujillo mediante la violencia, se entrega a la justicia en junio de 1991 con la condición de no ser extraditado. Es recluido en “La Catedral”, una cárcel en el municipio de Envigado construida según las especificaciones de Escobar y desde donde siguió delinquiendo, ejecutando incluso a viejos compañeros de la mafia en sus instalaciones, entre ellos los hermanos Moncada Galeano. El 22 de julio de 1992 se fuga tranquilamente tras haberse enterado de que iba a ser trasladado de prisión.

El asesinato de los Moncada hizo que personas en la mafia y en los paramilitares conformaran un grupo que se hizo llamar “Los Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar) que utilizó las mismas tácticas terroristas para enfrentar al capo. Pusieron bombas en sus edificios, asesinaron a sus abogados y profundizaron el baño de violencia que sufría Colombia.

El gobierno colombiano conformó un grupo especial llamado el Bloque de Búsqueda con el único objetivo de capturarlo. Con el soporte logístico de Estados Unidos, empezaron a desarticular su red de sicarios y a dar de baja a sus principales lugartenientes. Finalmente, el 2 de diciembre de 1993 fue muerto en un operativo desatado tras la intercepción de una llamada de Escobar a su familia. Está enterrado en Jardines Montesacro, un cementerio de Medellín.

Su familia estaba conformada por Victoria Henao, con quien se casó cuando ésta tenía quince años, y sus dos hijos, Juan Pablo y Manuela. Después de la muerte de Escobar salieron del país, pero fueron devueltos en cuanto pisaron España, corriendo con la misma suerte en Alemania. Finalmente se instalaron en Buenos Aires, donde han tenido varios problemas legales. Para alejar el estigma de tener el apellido de Escobar, decidieron cambiarse de nombre. Así, Victoria pasó a llamarse María Isabel Santos Caballero, Juan Pablo es ahora Juan Sebastián Marroquín y Manuela se llama Juana.

miércoles, agosto 03, 2005

Antes de celebrarse las elecciones para asambleas departatrientales y concejos municipales en 1984, el ministro Rodrigo Lara envió a los presidentes de los directorios Liberal y Conservador unas notas reservadas, en las que daba cuenta de la presencia de narcotrañcantes en las listas inscritas por esos dos partidos.

Incluía más de 5,0 nombres en cada nota, cuyo texto nunca se pudo conocer. Sólo se sabía que los narcotraficantes figuraban en listas de los siguientes departamentos: Guajira, Magdalena, Cesar y Antioquia.

Ya desde 1978, el embajador norteamericano en Bogotá, Diego Ascencio, aseguró públicamente: "los narcotraficantes (colombianos) son tan fuertes, en términos de poder financiero" que podrían tener su propio partido y pueden ya haber comprado y pagado diez miembros del cuerpo legislativo".

Para las elecciones de congreso de 1986, el ministro Enrique Parejo lanzó una nueva advertencia al país, sobre la presencia de dineros provenientes del narcotráfico en la financiación de camparlas para cumies de congresistas en los departamentos de Antioquia, Atlántico, Bolívar, Guajira, Caquetá y la comisaría del Amazonas.

En uno y otro caso, la mayoría de los colombianos se mostró Indiferente ante la voz alerta. Hoy se afirma que mes del 10 de los congresistas colombianos están vinculados a negocios relacionados con el tráfico de narcóticos, y un porcentaje similar recibe apoyo económico de reconocidos narcotraficantes. Es decir, unos 50 congresistas se encuentran en entredicho.

En medios allegados a la política, se estima que una campana para Presidente de la República cuesta más de $1.500 millones. Para senador, entre $60 y $120 millones. Para representante a la Cámara, unos $30 millones.

Para diputado a asamblea departamental $20 millones, y entre $7 y $14 millones para ser elegido concejal en capital de Departamento.

En Bogotá cuesta lo misino la campana para concejal que para representante a la Cámara.

Ninguno de esos cargos (desde jefe del Estado hasta diputado) genera salarios por más de $6 millones en el período. Los concejales no reciben ningún estipendio.

Semejante danza de los millones significa, en realidad, la negación del principio de representación que rige la democracia por delegación, y que en Colombia se trueca por los "milquis". como se llama familiarmente a la suma de $1.500 que se pagan por depositar un voto a favor de una lista determinada.

Cuando es el dinero y no las ideas lo que mueve la política en un país, ningún grupo más apto para pelechar de ella que el de los narcotraficantes. El primer caso público qu( w conoció de vínculos entre narcotrañcantes y políticos, se registró el 27 de enero de 1976.

Un diputado liberal por Risaralda, el odontólogo Jairo Montoya Escobar, fue capturado en Bogotá cuando negociaba la venta de 30 kilos de cocaína, que traía de Pereira.

Las investigaciones permitieron concluir que Montoya Escobar trabajaba con la organización de Hernando Jiménez Panesso, el narcotraficante que sería luego asesinado en Miami dentro de la guerra por el poder que se dio en la mafia.

Montoya Escobar pertenecía al grupo que orientaba Gabriela Zuleta, quien sería condenada más tarde al descubrirse que cobraba un porcentaje por cada "auxilio parlamentario" que entregaba a colegios, juntas de acción comunal y entidades de servicio comunitario.

En la historia actual dé la Política, existen congresistas, de los dos partidos tradicionales y la oposición, caracterizados por su altruismo y vehemente defensa de intereses comunitarios. Pero se les puede contar fácilmente. Con los otros, es difícil hablar de casos aislados. La enumeración lo prueba:

1. Pablo Escobar y Jairo Ortega. Antioquia. Hicieron parte del Nuevo Liberalismo, grupo del que fueron expulsados publicamente. Ingresaron luego al movimiento Alternativa Liberal, que lideró el senador Alberto Santofimio Botero.

Escobar representó un movimiento que enarbolaba una bandera ecológica. Jairo Ortega, entonces decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Medellín, vinculó a la lista a su rector, Orion Alvarez A. (senado), y a Iván Gómez Osorio (concejo), este último rector desde 1986 de la misma institución.

El movimiento logró una votación notable, pese a tratarse de un grupo de reciente creación.

Su votación se justificó por varias razones: Escobar Gaviria basó su proselitismo político en la elución de problemas inmediatos en Medellín y los municipios vecinos: iluminar las canchas deportivas de los barrios de Medellín, adquirir y dotar predios en las afueras de los municipios antioqueños para construir cancha de fútbol. En los fines de semana, organizaba mítines, en los que regalaba dinero en efectivo y arbustos. Pero ante todo, una expectativa concreta: la posibilidad de vincularse a su organización.

La votación depositada por sus listas permitió que Ortega obtuviera curul. Siendo Escobar su suplente, quedaron en circunstancias políticas similares.

Escobar Gaviria se posesionó como suplente de Jairo Ortega, para obtener el privilegio de la inmunidad parlamentaria, es decir que no podía ser detenido sino en caso de flagrancia en la comisión de un delito, o 20 días antes y 40 después de las sesiones del congreso, que se prolongan por medio año.

En su condición de congresista suplente. Escobar Gaviria obtuvo una visa privilegiada para ingresar a los Estados Unidos, que le solició la propia cancillería en la nota 010769, del 16 de noviembre de 1982.

En las listas de Renovación Liberal en Antioquia figuró también su hermana, Alba Marina Escobar Gaviria, quien apareció involucrada en el asesinato de Rodrigo Lara; y un concejal del municipio de La Estrella, Rubén Darío Londoño Vásquez, enjuiciado por el mismo delito.

2. Carlos Ledher Rivas lanzó en Armenia el Movimiento Latino Nacional. Su base eran los "sábados patrióticos", donde sus lugartenientes entregaban marcados, dinero, bolsas con refrigerios, mientras escuchaban al nuevo político, que entonaba confusas arengas contra los gringos, en favor de una moneda común para Latinoamérica, la dosis personal de marihuana y, ante todo, contra la extradición.

Este movimiento, de manera alternativa, tomó los nombres de Los Secuestrables y Los Extraditables. En las elecciones para asambleas y concejos de 1984, logró escaños para dos diputados en el Quindío y algunos concejales, en Armenia y La Tebaida.

Ya casi en el exilio, para evadir la extradición, su grupo político terminó con el nombre de Movimiento Latino Socialista, con un periódico propio, Quindío Libre, cuya primera plana era reservada para dos temas: atacar a Rodrigo Lara y promulgar las ideas de Alberto Santofimio.

3. Severo Escobar y el Ospinismo. Luchador político desde sus primeros años, Escobar Ortega ingresó al Ospinismo, movimiento por el cual llegó a ser diputado a la Asamblea de Cundinamarca y Secretario de Agricultura de Cundinamarca, cargo para el cual fue designado por el entonces gobernador, el senador conservador Miguel Santamaría Dávila.

Su nombre figuró en una placa de bronce a la entrada del Palacio Echeverry, donde funcionaba el Directorio Nacional Conservador. Allí tenía un restaurante. El Mesón Azul.

4. Entre el apoyo y el ejercicio.

El senador santandereano Eduardo Mestre Sarmiento, miembro de la Dirección Liberal Nacional, y uno de los hombres más importantes de su partido, apareció vinculado con el narcotraficante Gilberto Rodríguez Orejuela en el Banco de los Trabajadores y la Corporación Financiera de Boyacá.

Sirvió como referencia de la buena conducta a Miguel Rodríguez Orejuela, para que el Ministerio de Defensa lo aceptara como representante legal de una empresa de vigilancia privada suya, la Nacional de Seguridad.

Las revelaciones hechas por el equipo investigativo de El Espectador sobre sus vínculos con los Rodríguez (recibió un crédito por $ 10 millones del Banco de los Trabajadores, que destinó a la compra de acciones de la Corporación Financiera de Boyacá. El crédito fue pagado por Laboratorios Kressfor y Drogas La Rebaja, empresas de Rodríguez O.), frustraron la elección de Mestre Sarmiento como designado a la Presidencia de la República.

Jairo Siebi y Félix Salcedo Baldión, congresistas liberales de Norte de Santander, tienen en su contra una orden de captura pendiente en Venezuela por narcotráfico, que les libró un juez a raíz de la incautación de 30 kilos de cocaína en un hotel de Caracas.

Salcedo Baldión, un enjundioso "cacique" político de su departamento, dijo en varias ocasiones que "ya arreglé mi problema", pero lo cierto es que periódicamente vuelve a ser mencionado en el vecino país como relacionado con el tráfico de droga.

También han sido procesados los representantes a la Cámara liberales por Narifio, Samuel Alberto Escrucería Delgado y Samuel Alberto Escrucería Manzzi. El padre, Escrucería Delgado, fue condenado en Carolina del Norte, por el tráfico de más de 200 kilos de cocaína. Fue detenido cuando daba una fiesta a sus amigos en el departamento de su hijo. Su condena fue de 240 años de prisión.

Escrucería Manzzi y su madre, Helena Manzzi de Escrucería, tienen pendiente una solicitud de extradición para ser juzgados en ese mismo Estado.

Hernando Suárez Burgos, representante a la Cámara por el liberalismo de Nariño, y propietario del Diario del Sur, se asegura controla una importante red de narcotráfico entre los electrodomésticos y los muebles que distribuyen sus almacenes.

Carlos Nader Simmonds, congresista liberal de Córdoba, fue capturado en mayo de 1983, cuando ofrecía 10 kilos de cocaína a agentes encubiertos de la DEA, junto con Germán Bocanegra Cote.

Como no pudo estar presente en Colombia para lanzarse al congreso, dejó su capital político a su hermano, Alberto Nader Simmonds.

Carlos Nader añrmó a El Espectador, después de asesinado Guillermo Cano, que venía en nombre del Cartel de Medellín para buscar alguna forma de amnistía periodística para sus miembros.

En este mismo departamento actúa el representante Jorge Ramón Elias Nader, cuya campaña política fue financiada por otro narcotraficante, César Cura, quien contrabandea cocaína de los Ochoa hacia Estados Unidos. Este Nader presentó, en octubre de 1986, un proyecto de ley al congreso para prohibir la extradición de nacionales colombianos a los Estados Unidos.

Un sobrino de Jorge y Hugo Genecco Cerchar se postuló a la Cámara de Representantes, pero perdió su curui en un juicio electoral en el Consejo de Estado.

Miguel Pinedo Barros, congresista por la Guajira, figura en una lista de narcotraficantes de la Costa. Miguel Pinedo Vidal, representante por el Magdalena, también aparece en una lista de contrabandistas de 1975 con el nombre de Miguelito. En este mismo departamento, están los congresistas vinculados con el narcotraficante Enrique Caballero Adúen, Víctor Dangond Noguera, y los diputados Uvida Pitre de Rodríguez, Ramón Palacio Better y Daniel Robayo Aguirre.

El exsenador Germán Bula Hoyos certificó, como Mestre Sarmiento, la buena conducta a Miguel Rodríguez.

Dos ministros de Defensa fueron comprometidos en escándalos de narcotráfico. El general Miguel Vega Uribe está casado con una hija de Escrucería Delgado, el congresista condenado por narcotráfico en Carolina del Norte.

El otro ministro afectado con un escándalo similar, fue el general Luis Carlos Camacho Leyva, cuyo hermano, Roberto, cayó preso con cocaína a bordo de un avión de Satena, empresa oficial, adscrita al Ministerio donde era el único pasajero. Venía de Leticia.

Además de todos los nombres de política comprometidos y mencionados a lo largo de estos capítulos.

5. La mafia concluyó en 1986 que su estrategia debía orientarse más hacia la economía que hacia la política.

A los políticos se les puede financiar la campaña, y quedan comprometidos. En los negocios se puede participar, sin escándalos, y todo el mundo los acepta presurosos.

Esa fue la conclusión en Cali, por ejemplo, donde los coqueros participan en buena cantidad en empresas de familias tradicionales, que se acostumbraron "a convivir con estas mafias, ya que reciben innumerables beneficios (de ellas)", como afirmara el coronel Jaime Ramírez en su declaración transcrita anteriormente.

La mafia decidió entrar a operar en una nueva etapa en la que, por ejemplo, Ledher decidió buscar el control de algunas empresas del Grupo Cafetero, alma de la economía formal colombiana. Y Pablo Escobar con sus socios abren la expectativa por crear empresas agroindustriales en el suroeste antioquefto.

6. Narcoguerrilla y Narcomilicia.

En un negocio de las proporciones del tráfico de cocaína, también ingresaron dos viejos bandos en conflicto: la guerrilla y las Fuerzas Armadas.

La alianza entre los grupos guerrilleros --principalmente las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, prosoviéticas--, y las bandas de narcotraficantes, fue bautizada por el embajador Lewis Tambs como "narcoguerrilla". No le faltaba razón.

Principalmente en la zona donde opera el XIV Frente de las Farc, se creó algo asi como un puesto de seguridad, en el que los guerrilleros cobran el "impuestos al gramaje".

Este tributo, que no es opcional, consiste en que el grupo alzado en armas brinda protección a los cultivos y laboratorios de procesamiento de cocaína, y a cambio cobra un impuesto, equivalente al 10% del producido en hojas del cultivo, o del 15% si se trata de pasta o base de coca.

Un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre las dimensiones del narcotráfico, evidentemente exagerado, calculó en US$99 millones el valor del producido del impuesto de la guerrilla.

Fuentes mejor enteradas calculan que no supera los US$40 millones, cifra de todas maneras nada despreciable.

De esta convivencia surgió, años más tarde, la sangrienta lucha entre guerrilleros de las Farc y hombres del narcotrafícante Gonzalo Rodríguez Gacha, quien creyó poder entrar en negocios de mutua conveniencia con los alzados en armas.

En una reunión a la que asistió un miembro del secretariado de las Farc --que vendría a ser el estado mayor en un ejército regular-, al parecer Jacobo Arenas, Rodríguez Gacha planteó una sociedad en la que se mantuviera ese mismo o un porcentaje más elevado para controlar sus cultivos de coca, y evitar cualquier tipo de allanamiento militar o de destrucción de las chagras.

El punto de conflicto surgió cuando Rodríguez Gacha señaló que la base del acuerdo era la construcción de una pista aérea en las estribaciones de La Uribe, a espaldas de donde queda el campamento central del secretariado de las Farc.

Comprendiendo el peligro de un operativo militar a partir de esa base, Arenas negó por completo la viabilidad del acuerdo, y suspendió las conversaciones.

A los pocos meses, en noviembre de 1983, el I Frente de las Farc se tomó un campamento donde Rodríguez Gacha tenía 180 kilos de coca, 15 armas de corto y largo alcance y US$500.000 en efectivo. Quedaron rotas las negociaciones.

Al mismo tiempo, en cercanías a la Serranía de Chiribiquete, donde también opera el I Frente de las Farc, el narcotraficante Camilo Rivera González, advertido de las circunstancias en que Rodríguez Gacha perdió tan importante capital, dispuso el traslado de su laboratorio de procesamiento de cocaína hacia La Pedrera, un lejano municipio vecino de la frontera con el Brasil.

Se presentó entonces la alianza que olvidó mencionar el embajador Tambs: la narcomilicia.

El general Hernando Zuluaga García advirtió que el I Frente de las Farc avanzaba sobre un punto en el cual podía ser embocada la guerrilla, y que resultó ser, precisamente, el campamento donde funcionaba el laboratorio de Camilo Rivera González.

El comandante de la VII Brigada, general Luis Eduardo Roca Maichel, ordenó desplazar el grupo entrenado para la guerra de guerrillas, las Fuerzas Especiales del Ejército, equivalentes a los Boinas Verdes del Ejército norteamericano.

Durante dos meses fueron mantenidos 5 oficiales y 43 suboficiales del Ejército en la Serranía del Chiribiquete, hasta cuando Camilo Rivera desmanteló su laboratorio y lo transportó a La Pedrera.

Para la operación, los miembros de las Fuerzas Especiales fueron desplazados a bordo de dos DC-3 afiliados a la empresa Cedelca, de propiedad de Camilo Rivera, quien también iba en el avión con cuatro guardaespaldas. Llevaban carabinas y un fusil G-3, armas de dotación oficial, que le prestó la VII Brigada de Villavicencio.

Las aeronaves despegaron de la base militar de Apiay.

Los altos mandos militares negaron tener conocimiento de la operación, lograron que uno de los oficiales confesara que el comandante del operativo, un capitán, les entregó sumas entre los $45.000 y los $200.000. Y toda la acción se orientó contra él.

Iniciaron acción disciplinaria contra los oficiales que participaron en la custodia de la cocaína, pero nunca contra quienes impartieron la orden, pese a que, como era apenas obvio, la sola autorización de movilizar las Fuerzas Especiales es atributo privativo del generalato.

Además, el simple conocimiento de que al sitio donde llegaban las Fuerzas Especiales (en plena selva), había una pista de aterrizaje con capacidad paraunDC-3, implicaba la deducción de que ella sólo podía estar destinada al tráfico de cocaína.

Estos hechos dieron lugar a la iniciación de una guerra que, virtualmente, está a punto de frustrar el proceso de apertura política que se inició en el gobierno de Betancur, con el surgimiento de la Unión Patriótica. Esta fuerza es derivada de las Pare, el Partido Comunista y diversos sectores independientes del país.

La guerra, según las versiones más corrientes, se inició por enfrentamiento ocasionados por el predominio sobre la regiór del Guayabera que, junto con la del Caguán, poseen los cultivos más notables de coca.

La lucha enfrenta a miembros de los Frentes VI y VII de las Farc, con miembros de las familias Plata, Tolosa y Cortés, los reducidores de la pasta de coca para Rodríguez Gacha.

El primer muerto conocido fue un sujeto apodado con el nombre de "Milamores", quien trabajaba al servicio de los Plata. Su cuerpo fue hallado en el municipio de Calamar, un exótico lugar de la selva a 45 minutos en helicóptero de San José del Guaviare. En su poder se encontraron $15 millones en efectivo.

El asesinato de "Milamores" se imputa a las Farc. Poco tiempo después, se produjo un atentado contra el alcalde de San José del Guaviare, del que salió ileso. A los pocos días fue asesinado el representante a la Cámara, suplente, de la UP, Octavio Vargas Acosta.

El 31 de diciembre de 1986 fue asesinado Hugo Plata Mayorga, cuando se enfrentaba en su finca El Olimpo, en Cumaral, Meta. En el enfrentamiento también pereció un menor de 15 meses y una mujer no identificada. En atentados posteriores, fueron asesinados sus hermanos, Luis, Fabio y Ramón Plata Mayorga.

La respuesta de los narcotraficantes, fue el asesinato de los concejales de la UP Gabriel Alfredo Briceño, Víctor Cárdenas, Alfonso Rojas, Hernando Cuéllar Vargas, Rubén Lazo Mazuera y Alvaro Velásquez.

Rodríguez Gacha, El Mejicano, quien suma a su propio ejército privado el de los "narcogemólogos" de Boyacá, se encuentra en el trasfondo de todas estas muertes, como lo confirmara en valiente pronunciamiento público el ministro de Justicia, Enrique Low Murtra.

En un nuevo episodio de esta guerra fue asesinado el exmagistrado y coordinador nacional de la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal. La respuesta fue el atentado contra el controvertido congresista Pablo Emilio Guarín Vera, en un inexplicable actode torpeza de su escolta. Emilio Guarín fue asesinado al mes de colocada una potente bomba en el. parqueadero del Ministerio de Defensa, tal como lo había anunciado el frente urbano de las Farc.

Meses después, el 5 de septiembre de 1986, fue capturado el mayor del Ejército Alvaro Gutiérrez Castellanos con 80 kilos de cocaína. Prestaba servicios al comando general de esa arma.

Se le hizo un Consejo de Guerra Verbal en 24 horas, y fue condenado a 10 aflos de prisión. No se permitió el acceso a la prensa.

Luego se sabría que uno de los particulares que lo acompañaba en el camión del Ejército en el que se transportó la droga, Lucas Ortiz Avendaño, poseía una metralleta, que le había sido vendida por la Industria Militar, gracias a una recomendación del general Mario Alberto Pineda Gallo, quien sería trasladado luego, de la Ayudantía General del Comando de las Fuerzas Militares, a la base militar frente a La Dorada, en Puerto Salgar, donde se desarrolló otro caso de narcomilicia: la celebración del cumpleaños de Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mejicano.

Un capitán de la Policía, Yesid Parra Vera, dispuso guardia permanente a Rodríguez Gacha, ordenó vigilancia de seguridad al Hotel Departamental, de propiedad oficial, donde llegaron sus 50 invitados, todos reconocidos narcotraficantes.

Cuando Rodríguez Gacha salió en cabalgata a mostrar el regalo que él mismo se hizo --el caballo Tupac-Amarú, que acababa de comprar en $800 millones--, Parra Vera ordenó cerrar las calles, montar guardia por donde pasaba y vigilar luego la fiesta popular que brindó en el parque de La Dorada.

La historia del lucro de miembros de los servicios de seguridad a costa del narcotráfico, tiene más de 10 años.

En julio de 1975 fueron capturados en Ecuador dos miembros de la Fuerza Aérea Colombiana, el teniente Luis Jaime Salazar Tamayo y el subteniente Luis Carlos Osorio Botero, quienes se desviaron de la ruta asignada, por lo que se presumía habían sufrido un accidente. La razón se conocería al día siguiente: el avión FAC-515 fue aprehendido cuando los dos oficiales se disponían a cargar cocaína en cuantía que nunca se reveló.

En 1973 también fue capturado el jefe del DAS de Leticia, con 18 kilos de cocaína.

Meses más tarde, lo fue un companero suyo, cxjefe del mismo organismo en Santa Marta, el Capitán (r) José A. Cárdenas Pachón, cuando abordaba un avión con una amiga, a quien le encontraron cocaína.

Pero el hecho que más llenó de vergüenza a los colombianos, fue el caso del buque insignia de la Armada Nacional, el Gloria, en cuyo interior las autoridades aduaneras de E.U. encontraron, el 22 de junio de 1976, un paquete que contenía 28.5 kilos de cocaína.

La historia se iniciaba un mes antes, cuando había sido destituido el jefe del DAS en Barranquilla, el Mayor (r) José Antonio Vega Pérez, quien se negó a detener a dos personas que venían de Medellín en un vehículo con 10 kilos de cocaína.

Luego se comprobaría que esta droga iba para ser embalada en el buque Gloria, con el cargamento que se había introducido desde antes.

Uno de los acusados por estos hechos, Pedro Claver Gómez, revelaría más tarde las intimidades que permitieron hilar las dos operaciones.

Más de cinco personas relacionadas con la introducción de la cocaína al buque-escuela Gloria, fueron asesinadas.

Pero los jueces militares terminaron absolviendo a todos los culpables. Como en tantos otros casos judiciales vividos en Colombia, la conclusión jurídica sólo podía ser una: la cocaína había ingresado sola al buque-insignia de la Armada.

El problema de los vínculos del narcotráfico y los servicios de seguridad, no ha sido exclusivamente colombiano.

Él hijo del general Rubén Paredes, comandante de las Fuerzas Armadas de Panamá, Rubén Darío Paredes Jiménez, fue asesinado en Medellín el 27 de marzo de 1986. Igual suerte corrió su piloto, César Absalón Rodríguez Contreras. Se afirma que iban a reclamar por una operación de narcotráfico.

Paredes Jiménez se había alojado en el Hotel Nutibara, de Hernán Botero, de donde fue secuestrado. Su asesinato está vinculado con la incautación de un importante cargamento de cocaína, a bordo del yate "Krill", en San Andrés.

En Venezuela, Brasil, Bolivia y Perú, las autoridades encargadas de la represión del narcotráfico son tan sobornadas y sobornables como lo son los agentes colombianos.

En Nueva York y Los Angeles, los hermanos Rodríguez Orejuela y el Clan Ochoa, aseguran poseer una red de agentes federales sobornados, que les advierten los peligros y, ante todo, les facilitan rutas internas para la introducción y comercialización de cocaína.

Severo Escobar y Víctor Mera Mosquera fueron detenidos en Nueva York, luego de la lucha librada por la madre que se enfrentó a la mafia, Martha Torres, pero un funcionario de la cárcel de Mánhattan sencillamente le puso un sello de "sin cargos" a su expediente, y abandonaron la prisión sin el menor problema.

En Miami, los agentes de la Policía y la Aduana buscan a los latinos, y mejor aún a los colombianos, no para detenerlos, sino para quedarse con los cargamentos de cocaína, que venden a sus propios contactos.

En noviembre de 19 86, el fiscal León Keinner logró demostrar que distintos oficiales tenían compromisos con los mayores narcotraficantes, para no detenerlos, que se remontaban a 1970.

Keinner formuló acusaciones contra el sargento Jorge Luis Manresa, el detective George López y el agente Joaquín Cortizo, de la Policía de Miami, y otros 20 miembros de distinto rango en la Policía de La Florida, condenados por más de seis cargos delictivos.

Un exfuncionario diplomático colombiano que trabajó en Nueva York, informado de la casi increíble frecuencia de muelos diarios que ingresan a los Estados Unidos cargados -le cocaína, se preguntaba entre mordaz y asombrado: "¿Qué pasaría a los Estados Unidos si en cada una de esas avionetas, en vez de cocaína viniera la cabeza de un misil soviético?"

Un caso todavía de mayor espectro político es el de Centroamérica.

La CIA, agencia central de inteligencia de los Estados Unidos, no se ha pronunciado en torno a un punto que parece cada vez más oscuro: la utilización de un avión de propiedad del narcotraficante Jorge Luis Ochoa Vásquez para transportar armas con destino a los Contras nicaragüenses.

La versión, ampliamente difundida en TV, revistas y diarios de los Estados Unidos, parte de la versión de un cubano, preso en Miami, quien afirma que a bordo de un avión DC-3, de propiedad del colombiano Jorge Ochoa, vinculado a la empresa norteamericana de aviación Southern Airlines, se realizaron varios viajes, en los cuales se llevaba cocaína a los Estados Unidos, concretamente a Miami.

En uno de sus vuelos, esa aeronave despegó de Barranquilla.

Con el producido de los viajes, se adquirían armas que transportaban en la misma aeronave para quienes combaten a los sandinistas en Nincaragua.

La historia de Pablo Escobar es similar, pero al contrario. Un excombatiente del Viet Nam, Barry Seal, quien de piloto de la guerra, apareció en Miami alquilándose para hacer transportes de cocaína hacia La Florida.

Su pericia en los vuelos, rápidamente difundida entre los miembros del Cartel, lo hizo merecedor al cargo más apetecido: piloto personal de Pablo Escobar Gaviria.

Se desconoce si desde un principio, o luego de haber ingresado como empleado del Cartel, pero Adier Berriman Seal resultó ser un agente encubierto de la DEA. Esa es la explicación para que muy buena parte de los movimientos de los miembros del Cartel hubieran sido identificados por las autoridades norteamericanas.

El 25 de junio de 1984 se le presentó la oportunidad únicu que puede esperar cualquier infiltrado: el propiu Pablo Escobar, con Federico Vaughan (un asistente del comandante sandinista Tomás Borge, se asegura), y Gonzalo Rodríguez Gacha, ayudaron a cargar 1.452 libras de cocaína, para ser transportadas al Distrito Sur de La Florida.

Barry Seal no solo tomó fotografías donde aparece el propio Escobar cargando enormes paquetes de cocaína, sino que filmó todos sus movimientos.

Apenas en diciembre del mismo ano los miembros del Cartel se enteraron del papel que había jugado Seal. El coordinador de las operaciones de narcotráfico del Cartel en La Florida, Rafael Cardona Salazar, exhibió a Max Merimestein (piloto del Cartel), una película de la que se deducía que Barry Seal era testigo del gobierno de los Estados Unidos, y le planteó la urgencia de asesinarlo.

Pero Merimestein también era testigo del gobierno, y colaboró para que se frustrara un primer atentado organizado contra Seal, que se debía haber cumplido entre diciembre de 1984 y el 4 de marzo de 1985 en Louisiana.

El Cartel de Medellín no perdona. Un año más larde, el 19 de febrero de 1986, Barry Seal fue asesinado frente a su casa de Batton Rouge, Louisiana, por una banda de sicahos enviada desde Medellín, cuyos miembros ya fueron condenados. En sus declaraciones, confesaron que asesinaron a Seal, por instrucciones de Frbio Ochoa Vásquez, Pablo Escobar Gaviria y Rafael Cardona Salazar.

Todavía deben repercutir en la cabeza de Escobar Gavina ks sonoras carcajadas de sus compinches de Medellín, que no k han perdonado su candidez para seleccionar sus "hombres de confianza".

La versión sobre los contras nicaragüenses, Jorge Ochoa y la CÍA, por sí misma, no se puede descartar de plano. Durante la II Guerra Mundial, la CÍA se alió con uno de los grandes capos de la mafia italo-norteamericana Lucky Luciano. Tras ser deportado de los Estados Unidos hacia la isla de Sicilia, les prestó apoyo y seguridad, mientras penetraban la seguridad de los fascistas italianos.

Sicilia se convirtió entonces en uno de los puntos de apoyo de las fuerzas aliadas, y el capo apareció en fotos de la época junto a importantes comandantes de batallas contra los alemanes.

El capo lo único que pedía a cambio, era que le permitieran utilizar sus barcos, donde se ocultaban de paso los soldados de las fuerzas aliadas, para transportar contrabando de cigarrillos y licores hacia Italia.

En Afganistán, los rebeldes que luchan contra la ocupación soviética, como en Colombia lo hace la guerrilla prosoviética contra el Estado, financian buena parte de su armamento y mantenimiento de tropas, con el apoyo de la venta del opio procedente de oriente.

En 1986, el subdito español Manuel Abajó Abajó contrató con el Fondo Rotatorio de la Fuerza Aérea Colombiana el transporte de 30 caballos de pura sangre para Madrid.

Se destinó una nave de la FAC, que fue requisada por los servicios de seguridad, ante diversas informaciones en el sentido de que allí se iba a transportar cocaína.

En un principio se pensó que lo obvio sería el sistema tradicionalmente utilizado por los Ochoa (Abajó había trabajado con ellos en Colombia), hacerle tragar a los caballos bolsas con cocaína, para recuperarla luego de entre su boñiga.

Nada se pudo probar en ese momento, y las autoridades no encontraron argumentos nuevos para detener el vuelo. No obstante, se comunicaron con los españoles, que pusieron en cuarentena los semovientes. Esperaron más de una semana, con resultados infructuosos, hasta cuando un curioso agente de la Aduana se le ocurrió revisar los guacales donde se transportaron los caballos. En su interior halló varios kilos de cocaína.

Para garantizar los resultados de su negocio, los narcotraficantes colombianos no respetan barreras ideológicas, y menos aún valores sociales o patrióticos.

"La verdad es la acción de eliminar engaños" (Erich Fromm)

En Colombia, la situación es tan grave, que la realidad supera cualquier ficción.

Llegar hasta este punto no ha sido gratuito, ni caprichoso. Se gestaron una cantidad de circunstancias, en las que las causas y los efectos se han mezclado como un remolino sin fin.

Desde la conquista de América se han vivido varias épocas de violencia. La conquista misma ha sido una de ellas, seguida por la Inquisición, las rebeliones de esclavos y la lucha por la Independencia.

Esta continuó en los tiempos de la Republica con “La guerra de los mil días” y luego con la denominada “Época de la violencia”, desatada en 1.948 tras el asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán, la cual se suponía, acabo en el “Frente Nacional” en 1.958. Durante esta época, la guerra fue particularmente cruel y sangrienta. Fue una guerra civil, en la que se enfrentaron los partidos políticos oficialistas Liberal y Conservador; los primeros, partidarios del candidato presidencial asesinado y los últimos, miembros del partido gobernante. Esta confrontación se caracterizo por la realización de masacres, emboscadas, linchamientos y asesinatos selectivos.

No hubo familia en la que no se hablara de como alguno de sus miembros, vecinos o conocidos fuera asesinado, descuartizado, mutilado o despellejado estando vivo.

Como es de suponerse, el rencor y el odio engendrados con estos actos, no fueron borrados por los acuerdos de paz. Nunca hubo un juicio por crímenes de guerra. Muchos de los lideres de estas operaciones de exterminio se convirtieron en los pilares de una nueva sociedad, pues también se apropiaron de los bienes de sus victimas, creándose una nueva oligarquía de posguerra, principalmente en los pueblos y provincias donde se constituyeron como los nuevos terratenientes, mientras otros asumieron cargos como alcaldes, gobernadores, jueces, notarios, etc.

Lo que hizo el “Frente Nacional” entre 1.958 y 1.974 fue alternar el poder cada cuatro años entre los dos partidos políticos oficialistas, quedando la democracia reducida a la elección directa del presidente entre una baraja de candidatos del mismo partido en turno. A los gobernadores los nombraba el presidente y estos a su vez nombraban a los alcaldes, estos a los jueces, notarios, etc.

Colombia fue un país, donde el genocidio, no solo, no se castigó, si no que se premió.

Estas injusticias hicieron que un sector de los alzados en armas del partido liberal no formaran parte de los acuerdos de paz, convirtiéndose en una tercera fuerza disidente liderada por Guadalupe Salcedo, quien después de muchas negociaciones y promesas, aceptó desarmarse junto a sus treinta mil hombres, para luego ser asesinado en la capital con sus compañeros más cercanos, en un acto del que se culpó a la alianza Liberal-Conservadora montada en el gobierno.

Por ese entonces surgió un pequeño grupo de campesinos que se unieron para luchar por la recuperación de sus tierras, una reforma agraria, la defensa y el reconocimiento de sus derechos y el desarrollo del campo, constituyéndose como unas autodefensas campesinas, lideradas desde ese entonces por el hoy guerrillero más antiguo del planeta: “Tirofijo”. Su vacío ideológico fue fácilmente llenado a través de un largo proceso por las ideas Comunistas, aportadas por intelectuales, estudiantes y sindicalistas, convirtiéndose en lo que hoy son las “Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia” (FARC)".

Estas circunstancias se dieron a la sombra de “La guerra fría”, en la que los sucesivos gobiernos y el ejercito han co-gobernado a través de la figura del “Estado de Sitio”, hoy llamada “Conmoción Interior” (con algunas limitaciones desde la constitución de 1.991), alejando la posibilidad de un Golpe de Estado, aun en los momentos más críticos, al compartir el poder soterradamente, adjudicando el monopolio de la administración de justicia en el orden público al fuero militar, la que se fortaleció al amparo del proteccionismo del gobierno de los Estados Unidos, dentro de su doctrina Anticomunista, estimulada entre otras por la “Escuela de las Américas”.

Las injusticias sociales y la falta de una verdadera democracia representativa, permitió que surgiesen nuevos y diferentes movimientos políticos clandestinos y otros grupos guerrilleros, quienes alentados por el triunfo de la revolución Cubana, vieron como única alternativa de éxito, la insurrección armada.

Los grupos guerrilleros no fueron ajenos a los enfrentamientos coyunturales que se dieron en el ámbito mundial, convirtiéndose en fieles reflejos de estos. El Ejercito Popular de Liberación (EPL) contó con el respaldo de China, El Ejercito de Liberación Nacional (ELN) con el de Cuba, Las FARC con el de la Unión Soviética, etc. Enfrentándose a veces entre ellos mismos, con algunos periodos de tregua y otros de alianzas, al mismo tiempo que se enfrentaban contra el gobierno y sus fuerzas militares.

A pesar de que la lucha por el respeto a los derechos humanos ha sido una de sus banderas más preciadas dentro de la llamada “Moral Revolucionaria”, se cometieron muchas acciones denominadas “ajusticiamientos” de sus desertores, de los informantes (muchas veces supuestos, por delirios de guerra o por purgas políticas internas, etc.) así como también de los agentes del orden publico, responsables de causar la muerte o captura de sus compañeros de lucha.

Por su parte, algunos miembros de la fuerza publica recurrieron a la tortura, la violación, el homicidio y la desaparición de algunos elementos capturados, algunos espontáneamente y otros participando de las políticas anticomunistas nacionales y continentales, llegando a formar parte entre otros del “Plan Cóndor”, etc. Recibiendo el auxilio de militares y torturadores Argentinos y Chilenos dentro del territorio nacional, contribuyéndose a la corrupción de la lucha contrainsurgente. Todo esto ayudó a generar entre los bandos en conflicto un mutuo desgaste en la “moral” de la guerra, potenciándose la rebeldía y la crueldad de las acciones, desatando una guerra sucia, la cual ha llegado hasta los niveles hoy vistos.

Durante el gobierno del presidente Belisario Betancourt se inicio un proceso de paz con las FARC, del cual surgió el movimiento político “Unión Patriótica” (U.P.) como un intento de desmovilización de la guerrilla para la participación en los procesos electorales, reclutando nuevos militantes y simpatizantes, muchos de los cuales no eran guerrilleros y quienes a pesar de la ruptura de las negociaciones intentaron convertirse en una opción política diferente, siendo asesinados casi en su totalidad por algunos miembros de los organismos de seguridad, por grupos de sicarios al servicio del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha y de los jefes paramilitares Fidel y Carlos Castaño, enterrando físicamente a este Partido.

En Colombia, a pesar de los nexos de los guerrilleros con algunos grupos terroristas internacionales, el uso del terrorismo estuvo descartado hasta que fue estrenado en los años 80’s por algunas acciones aisladas del M-19, el cual fue predominantemente un grupo de guerrilla urbana con una gran influencia “Tupamará” y “Montonera”, fundado por Jaime Bateman Cayón y conformado por algunos disidentes de los otros grupos y de algunos ex-integrantes de la ANAPO, un partido político divergente de los tradicionales, fundado por el ex-dictador militar Gustavo Rojas Pinilla, quien gobernó durante parte de la “época de la violencia” siendo muy apreciado por el pueblo, y quien fuera derrotado en una segura victoria electoral por un probable fraude al final del “Frente Nacional”.

El M-19 se caracterizó por tener una estructura más democrática que las demás organizaciones guerrilleras, con un perfil más nacionalista y populista, con una gran audacia en su accionar. Usó por primera vez los “carros bomba” contra objetivos infraestructurales durante los procesos electorales y en algunos casos recurrió al atentado directo contra algunos funcionarios del gobierno. Por los duros golpes sufridos en las ciudades, se convirtió en una guerrilla predominantemente rural y después de un proceso de paz consolidado durante el gobierno de Virgilio Barco, se convirtió en el partido político “Alianza Democrática” siendo un elemento muy determinante en la redacción de la nueva Constitución Política de 1.991. Perdió la posibilidad de ganar las elecciones presidenciales de 1.990 al ser asesinado su candidato presidencial Carlos Pizarro, su último comandante, quien según las encuestas era el seguro ganador.

Carlos Castaño, comandante de las anticomunistas “Autodefensas Unidas de Colombia” (AUC), asumió su responsabilidad por el asesinato de Pizarro años más tarde.

Otros candidatos presidenciales asesinados en Colombia fueron Luis Carlos Galán (Liberal) y Jaime Pardo Leal (de la Unión Patriótica), supuestamente por orden de Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, respectivamente; Álvaro Gómez Hurtado (Conservador), supuestamente por un convenio entre algunos miembros del Ejercito, del Gobierno y de algunos Narcotraficantes; Bernardo Jaramillo (de la UP), supuestamente por orden de Fidel Castaño. Durante esta época, el terrorismo fue literalmente explotado hasta su máxima expresión por Pablo Escobar, quien gracias a él obtuvo algunas victorias contra el Estado, mostrándole con ello un nuevo camino a los grupos insurgentes, quienes hoy hacen uso de él, como una de sus principales estrategias de guerra.

La relación guerrilla-narcotráfico también tuvo un largo proceso de gestación.

Los primeros narcotraficantes Colombianos de importancia fueron los Guajiros, quienes se destacaron por su infraestructura marítima en la importación de mercancías de contrabando, a la que luego le sumaron la exportación de marihuana, con la cual obtuvieron un enorme poder económico, sentando las bases de una de las técnicas de lavado de activos más efectivas aun hoy muy utilizada. Mientras tanto, Colombia, se convirtió en un punto de transito para el flujo de la cocaína entre Bolivia y los Estados Unidos, a la que se le adhirieron nuevos traficantes Colombianos, quienes pronto se convirtieron en los lideres de nuevos “Carteles” más poderosos, disputándole la supremacía a los guajiros, aun en los territorios por ellos controlados, tales como Cartagena, Barranquilla y Santa Marta; llegando incluso a desplazarlos fuera de ellos con algunas excepciones. Estos narcotraficantes inicialmente se dedicaron a establecer pistas clandestinas en los lugares más remotos posibles, donde inicialmente recargaban de combustible a los aviones en transito. En la misma medida en que fue creciendo el negocio, establecieron laboratorios para procesar la pasta de coca en cocaína y así poder tener un mejor control en su calidad y en su homogeneidad, convirtiéndolos luego en centros de acopio, una vez que implementaron el cultivo de la materia prima. Con esto se abrió “la caja de Pandora”, pasando Colombia de ser un puente, a un procesador y luego a un país productor de Cocaína y años más tarde, de heroína.

La gran mayoría de campesinos Colombianos, no han tenido tierra, ni acceso a los centros de salud, ni de educación, ni de transporte para sus insumos y productos. Durante décadas, los que no trabajan en tierra ajena como jornaleros en condiciones verdaderamente miserables, se internan en las selvas como colonos estableciendo “Chagras”. Para ellos fue muy fácil sembrar algo que no conocían y aun sabiéndolo, tampoco tenían más alternativa, pues los narcotraficantes les llevaban hasta la puerta de sus ranchos los insumos necesarios y así mismo recogían sus cosechas, las cuales les generaban más ingresos que los cultivos tradicionales, a pesar de ser infamemente explotados, al percibir una ganancia irrisoria en relación con las generadas por el trafico de sus derivados. Al igual que las “mulas” (personas que se prestan para transportar narcóticos en sus cuerpos o en sus equipajes) se les ha perseguido y castigado con penas que triplican la mayoría de las que han recibido los grandes “capos”, quienes no solamente han percibido millones de dólares por su negocio, si no que además han sido los autores intelectuales y materiales del homicidio de miles de personas, los cuales han quedado en su gran mayoría en la impunidad.

Como la prioridad para la guerrilla era la defensa y el desarrollo del campesinado, no actuó contra los narcotraficantes, al considerar que estos estaban beneficiando de alguna manera a los campesinos.

Para esa época, los narcotraficantes que enviaban sus aviones cargados con Cocaína y los regresaban vacíos, descubrieron que el negocio seria el doble si los traían cargados con armas, les vendían estas a la guerrilla o con ellas les pagaban por su protección. Ante estas circunstancias, surgió en algunos sectores de la izquierda Colombiana, la idea de que el narcotráfico podría ser una fenomenal arma “anti-imperialista”, capaz de enfrentar al arrogante poderío Norteamericano, con un equivalente, a la inversa, de la “Guerra del Opio”, cumpliendo con los axiomas de que “el enemigo de su enemigo podía ser su amigo” y de que “el fin justifica los medios”.

Nunca se les ocurrió pensar que esta seria la mejor puerta de entrada para el intervensionismo internacional, con justificadas razones y con las actuales consecuencias.

Los narcotraficantes eran muy ostentosos y pronto se convirtieron en las nuevas víctimas de la extorsión y del secuestro por parte de la delincuencia común y por algunos sectores de los grupos guerrilleros, quienes no tenían un criterio unificado respecto a estos, llamando también la atención de las fuerzas policiales de los países involucrados, por lo que pronto estuvieron acosados en medio de varios fuegos.

Con el poder económico adquirido se podían dar el lujo de comprar el amparo de algunos políticos y agentes del orden, el de algunas células de los grupos subversivos o el de ambos al mismo tiempo, corrompiendo desde ese entonces las bases mismas del Estado como las de la revolución.

Con el crecimiento de los conflictos y el poder de los narcotraficantes, muchos de los cuales eran o terminaron siendo anticomunistas, prefirieron crear sus propios ejércitos particulares de guardaespaldas, quienes en la mayoría de los casos tuvieron muy buenas relaciones con algunos cuerpos policíacos y militares, operando conjuntamente en algunas acciones anti-extorsión y anti-secuestro, donde los organismos policiales hacían el trabajo investigativo y los pistoleros actuaban como verdugos.

Entre estos grupos se destacó el “MAS” (Muerte A Secuestradores), surgido a partir del secuestro de Marta Nieves Ochoa por parte del M-19, la cual fue liberada después de mucha presión, tras la muerte de por lo menos unas trescientas personas y una negociación en la que intermedió hasta el gobierno Cubano.

Este grupo siguió actuando un tiempo después, aniquilando a todo lo que les pareciera “rojo”, sin importar si realmente tenían una vinculación guerrillera o no, para luego desaparecer sin que se haya procesado a nadie por estos hechos.

Con este tipo de campañas, sus patrocinadores se granjearon la simpatía de algunos sectores del “Establecimiento” nacional y foráneo, creyendo que con esto comprarían la benevolencia de la justicia Colombiana y Norteamericana en el caso de que algún día fuesen procesados.

Antes del narcotráfico, la guerrilla usaba otros recursos de financiamiento suficientemente efectivos, entre los que se contaron donaciones voluntarias, asaltos bancarios y comerciales, la extorsión y el secuestro.

Con este ultimo llegaron a tener tan alto grado de rentabilidad, que hicieron de él una industria, olvidando que esa es una de las formas más infames de violación de los derechos humanos.

Al interior de sus filas se justificaban con el argumento de que si el sistema tiene cárceles para sus compañeros, ellos tienen “cárceles del pueblo” para los oligarcas, de las que podrían salir pagando una “multa” por su libertad.

El dinero obtenido se invertiría en la revolución, en el sostenimiento de sus combatientes, la adquisición de pertrechos y la financiación de nuevos operativos.

Ante el exagerado incremento de los secuestros, la forma inhumana en que han tenido a los secuestrados, el asesinato de muchos de estos, aun a pesar de haber recibido el pago por su liberación, hizo que se conformaran nuevos grupos de autodefensas, encontrando la justificación para constituirse en verdaderos ejércitos como lo son ahora las “Autodefensas Unidas de Colombia” (AUC), conocidos como los “paramilitares”, con miles de hombres entre sus filas, entrenados por algunos militares Colombianos y mercenarios Israelíes, Británicos, Norteamericanos e incluso Rusos; siendo apoyados por algunos miembros de los batallones del ejército y alimentando sus filas con soldados y oficiales retirados, como también con ex-guerrilleros, delincuentes comunes, etc. Creciendo a tal punto, que se convirtieron en una nueva fuerza desestabilizadora del Estado, pues no solamente se dedicaron a combatir a la guerrilla en su propio terreno, si no que además, adoptaron las masacres de trabajadores, indígenas y campesinos, como un arma de disuasión política, utilizando a los medios de comunicación para difundirlo espectacularmente, como parte de la “guerra psicológica”, suicidándose moralmente como alternativa para enfrentar los excesos de la guerrilla.

Muchos integrantes de estos grupos han llegado a cometer los mismos abusos que buscaban combatir en la guerrilla, como son el narcotráfico, la extorsión y el secuestro, además de dedicarse a la realización de homicidios selectivos de periodistas, candidatos presidenciales, activistas de los derechos humanos, políticos, religiosos, etc. Llegando a producir una capacidad de desestabilización tan grave como la guerrilla misma, en una tercera parte del tiempo de su existencia y lo que es peor, se han convertido en un verdadero obstáculo para una salida negociada al conflicto, incrementando la intensidad y el salvajismo de este.

Todas estas circunstancias han hecho que en Colombia se pierda el derecho a ser comunista, socialista, liberal, conservador, o de cualquier otra ideología, pues se corre el riesgo de ser automáticamente señalado de subversivo o paramilitar; olvidándose que una cosa es la expresión democrática de las ideas en un Estado de Derecho y otra es el promover el uso de la violencia, para imponer a estas.

Defender los principios políticos, promover la paz o la protección de los derechos humanos, puede significar la muerte.

Prácticamente todos los derechos contemplados en la carta de las Naciones Unidas han sido violados, siendo por demás aberrante el reclutamiento de hombres, mujeres y niños por parte de los grupos armados, bajo la amenaza de muerte. Practica muy común en las zonas rurales donde es más fuerte su presencia y en donde se exige a cada hogar el aporte de uno o más de sus hijos para la guerra, convirtiendo estas áreas en sus “Estados”, donde si no se está con ellos es como estar en contra de ellos.

A esto se debe en gran parte su velocidad de crecimiento y el soporte logístico por parte de la población, quienes si no colaboran por convicción, resentimiento u oportunismo, lo hacen por la protección de sus familiares, siendo esta otra forma de secuestro.

No olvidemos además que en Colombia el servicio militar es obligatorio. Si esta es una práctica legal del Estado, es de esperarse que también lo considere así su enemigo. Por esta razón no es moralmente “festejable” el éxito en las operaciones de los aviones fantasmas que con visores nocturnos e infrarrojos, con tecnología usada en la invasión de Irak, matan de un solo bombazo a decenas de guerrilleros, como muy espectacularmente lo han exhibido en los noticieros, como si las bombas pudieran diferenciar entre quienes están obligados a combatir o no, entre quienes creen en sus ideales o son manipulados etc. Lo más grave de estos bombardeos es que con ellos también se impacta a campesinos e indígenas, sin contar además con la destrucción continuada de la biodiversidad.

Esto es tan deleznable como los atentados terroristas de la guerrilla y los paramilitares, quienes llegan a extremos tan infames, como el de masacrar a combatientes, policías, militares y civiles en estado de indefensión, rematando muchas veces a los heridos, asesinando a los capturados o secuestrándolos para confinarlos en campos de concentración establecidos en la selva. Ante estas circunstancias, es muy preocupante el que se haya prohibido a la prensa cubrir las áreas de confrontación sin autorización expresa de la Presidencia de la Republica y de sus Altos Mandos Militares, pues, desde cualquier punto de vista que se mire, el pueblo es el que más muertos está poniendo y la verdad ha sido la primer víctima en ser sacrificada.

Otro factor que ha permitido el exagerado incremento en la “criminalización” de la sociedad, es la implacable persecución a las personas que cumplen funciones que, por su misma naturaleza, son consideradas como baluartes de la moral y la salud pública, como son los abogados, los médicos, los agentes del orden publico y de justicia, los socorristas, los periodistas, los sacerdotes y las religiosas de las diferentes comunidades, quienes ejercen su oficio en los terrenos más golpeados por los intereses del conflicto, convirtiéndose en verdaderos mártires de sus causas, salvo algunas excepciones en los que se han lucrado de alguna forma de este, han hecho apología de él, o han sido sus más fieles representantes.

Como si no fuera suficiente con todas estas desgracias, nuestras relaciones en el plano internacional se han envilecido, principalmente en nuestra relación con los Estados Unidos, que sólo nos ven a través de la óptica de la guerra contra el “narcoterrorismo”.

Por un lado, se han confundido los intereses de algunos ciudadanos, de algunos empresarios, de algunas instituciones, de algunas ONG’s y de algunos grupos ecologistas y religiosos, etc. Con una “infiltración imperialista” de las políticas del Departamento de Estado o como aliados de la subversión.

En muchas ocasiones seguramente habrá sido así, gracias a la ineptitud del mismo Estado o al servilismo de algunos de sus funcionarios, quienes, en su afán de lucrarse, han favorecido estos intereses en detrimento de la nación.

Peor aun, ha sido el que algunos agentes de los organismos de seguridad han exagerado, maquillado o hasta inventado casos, con el fin de promoverse en sus cargos, lograr recompensas, bonificaciones o un reconocimiento público por sus acciones.

Otros incluso han llegado a crear sus propias organizaciones de narcotráfico, secuestro y sicariato o, se han asociado con estas, aprovechando su capacidad investigativa para conocer los recursos de sus victimas o han tomado fondos de programas financiados internacionalmente como “El plan Colombia”, etc. para su propio beneficio e, incluso, hay quienes realizan operativos exclusivamente para lucrarse con los decomisos, la venta de estos o su devolución a cambio de una remuneración. Dándole un gran desprestigio a las instituciones y generando confusión y desconfianza entre la misma población, “justificando moralmente” para algunos su participación en alguna de las formas del delito, por lo cual este ha terminado siendo otra forma de “Subversión Social y Económica”.

Por el otro lado, está la percepción por parte del gobierno de los Estados Unidos de que las luchas internas que se han generado contra las diferentes formas de injusticia social se pueden convertir en factores de riesgo para su propia seguridad nacional, lo cual no necesariamente es así.

Sin embargo en esto hay un alto grado de responsabilidad de los mismos grupos al margen de la ley, quienes con sus acciones han golpeado a intereses, a instituciones y a ciudadanos norteamericanos como también de otros países, provocado desconfianza y posiciones defensivas, limitando la posibilidad de rectificación de muchas políticas que han quedado obsoletas desde el fin de la guerra fría y que hoy se han radicalizado con los atentados del 11 de septiembre.

No se puede descartar que en el interior de la fuerza pública, los grupos armados, asesores y proveedores de armas, etc. hayan elementos con intereses creados a favor de situaciones que promuevan el armamentismo, el intervensionismo y el terrorismo.

Como consecuencia de esto, también se ha causado una gran pérdida de turistas e inversionistas internacionales, además de dársenos un trato discriminatorio y a veces aberrante, en nuestros viajes por el exterior, en la forma de presentar las noticias, etc.

Hoy, al igual que hace cincuenta años, no hay familia en la que no se hable de cómo uno de sus miembros o conocidos ha sido asesinado, masacrado, torturado, descuartizado o desaparecido.

Hoy también como antes, sus bienes han sido arrebatados por la guerrilla, los paramilitares, algunos agentes del Estado o los delincuentes comunes amparados en el terror que genera el conflicto.

Es incalculable la cantidad de empresas y negocios que han sido cerrados, la cantidad de empresarios, inversionistas y capitales que han abandonado el país, haciendo que hoy Colombia tenga aproximadamente el diez por ciento de su población viviendo fuera del país; que casi tres millones de personas sean desplazadas dentro del propio territorio nacional como consecuencia directa de la violencia; *que veinticinco millones de personas, vivan con menos de dos dólares al día; que once millones vivan con menos de un dólar al día; que tres millones no tengan empleo; que siete millones estén subempleadas; que dos millones y medio de niños están trabajando; que un millón de campesinos no tenga tierra; que el 1,1 por ciento de los propietarios posea el 55 por ciento de la tierra en el país; que la gente de altos ingresos gane 26,3 veces lo que ganan quienes devengan el salario mínimo o menos; que el 75 por ciento de todo el crédito comercial está prestado a 2 mil empresas o personas naturales, a pesar de que existen más de un millón de negocios informales, 12 mil fábricas formales, y 208.659 establecimientos comerciales; que los ingresos saláriales se han reducido en una quinta parte en los dos últimos años (*El Tiempo, Octubre 27 del 2002, “Colombia, un Estado lamentable”).

Aunque parezca increíble, el numero de combatientes armados, no supera a más de 30.000 guerrilleros y unos 10.000 paramilitares. Todo esto en un País con cuarenta y dos millones de habitantes; con un territorio dos veces más grande que España o Francia; con una geografía que varía desde el desierto, hasta los picos y volcanes cubiertos con nieves perpetuas, pasando por todos los climas, con montañas, selvas y llanuras; un país con costas en los océanos Atlántico y Pacifico; autosuficiente en recursos hidroeléctricos y petroleros; con una cantidad de recursos naturales y humanos que podrían garantizar un desarrollo social y económico sostenible.

Independientemente de que en el mundo seamos tratados como parias; de que ya prácticamente no existe país donde no se nos exija visa con una infinidad de requisitos y de que a pesar de estos, también se nos discrimine por nuestro origen, con lo cual además se ha “elitizado” la posibilidad de la migración y el refugio en contra-vía de los derechos contemplados en la carta de las Naciones Unidas; independientemente de que el país tenga hombres y mujeres que se destacan en el ámbito mundial, como el Dr. Rodolfo Llinás, miembro de la Academia de las Ciencias de Francia y quien preside el Neurolab de la NASA; independientemente de que cuente con escritores como el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez o Álvaro Mutis; o que tenga pintores tan famosos como Fernando Botero; o un campeón de Formula 1, como Juan Pablo Montoya; o una periodista estrella en CNN, como Ángela Patricia Janiot; o cantantes ganadores de los premios MTV, y los Grammys Latinos, como lo son Shakira, Juanes, Carlos Vives, Kike Santander; Independientemente de que tengamos Cineastas laureados como John Leguízamo, Jorge Ali Triana, Sergio Cabrera, Patricia Cardoso, etc.

Independientemente de todo esto, es necesario proteger los derechos de todas las personas, sin distinguir su condición social, política, religiosa o de género; es necesario que los niños se formen en una cultura diferente a la del genocidio; es necesario desarrollar una cultura de la paz; es necesario que el Estado pueda garantizar el sano desarrollo legal, comercial, tecnológico, político, cultural y religioso de todos sus pobladores, sin discriminación y sin que las armas y la barbarie sean su mecanismo de expresión; es necesario que se entienda que no todo activista político o gremial, independientemente de su orientación, es un promotor de la violencia; es necesario que el mundo entienda que la situación de Colombia no es exclusivamente de nuestra responsabilidad absoluta; es necesario que se entienda que tanto los países productores y consumidores de drogas y armas forman parte de la misma cadena de problemas y soluciones; es necesario que todos entendamos que en el mundo actual, no existen situaciones aisladas y que estas puedan tener consecuencias globales en mayor o menor grado; es necesario que entre todos desarrollemos la capacidad de producir soluciones a los problemas surgidos en cualquier lugar del mundo, inclusive en Colombia, pues este es el único mundo que tenemos y todos somos ciudadanos de él.

Así como los Estados globalizan sus intereses, tienen que globalizar la búsqueda de soluciones de forma democrática y respetuosa.

Existen muchas alternativas para lograr esto, más allá que la exclusiva represión y “unilateridad” de sus políticas.

Los Colombianos, al igual que cualquier habitante del planeta, somos mucho más que una estadística o un gran negocio para las agencias de noticias y los proveedores de armas.


Una de las mayores atracciones del zoológico era su parque jurásico. En su época, los dinosaurios eran auténticos edificios andantes. Los de Nápoles, incluso, los construyeron más grandes que sus parientes remotos. Manuel Saldarriaga
Nápoles, solo ruinas

  • Criando gallinas, desplazados tratan de revivir un imperio.
  • El gobierno administró un tesoro y lo convirtió en cenizas.

El imperio que llegó a tener el narcotráfico, en particular el del Cartel de Medellín, hoy es más que un capítulo de la historia de Colombia: es la muestra de la decadencia de un poder que sembró de terror y de otros asombros al país.

Al amparo de la Conmoción Interior, el Gobierno expidió el decreto 1975 mediante el cual se pueden extinguir propiedades que fueron medio o instrumento para el ejercicio de actividades ilícitas. Reduce de dos años a cuatro meses la duración del proceso de extinción de bienes. Los edificios Mónaco y Dallas, en Medellín, fueron los primeros en ser incautados.

Estos, como la Hacienda Nápoles, vestigios de un antiguo esplendor de los capos, también eran el símbolo de sus extravagancias y poderío. EL COLOMBIANO inicia hoy una serie con crónicas y reportajes sobre el extinguido dominio del Cartel de Medellín.

Por José Guillermo Palacio
Nápoles
En 1982 las revistas especializadas en el tema del dinero presentaron a Pablo Escobar Gaviria, un muchacho de 32 años, como uno de los dueños de una de las diez más grandes fortunas del mundo. Don Pablo, como le decían todos los que por alguna circunstancia estuvieron a su lado y compartieron sus gustos, aunque luego lo negaron antes de que el gallo cantara tres veces, comentaban que además del don que acompañaba su nombre, Pablo tenía otro don especial que convertía en realidad todo lo que soñaba.

Y Pablo, en la época en que nadie lo perseguía, gozaba del total acompañamiento en su buena fortuna por parte de numerosos representantes del Estado, la política, la prensa y muchos de los ilustres ciudadanos que aparecían retratados en las revistas y los periódicos. Como buen campesino antioqueño, soñó con un zoológico que superara a los demás zoológicos de la tierra, una suerte de jardín del Edén en el que ninguna fiera se comiera a otra especie, porque todas iban a tener la ración que necesitaran sin necesidad de buscar en las carnes de los otros su alimento.

Y el zoológico fue. Se llamó Nápoles y creció en la tierra prometida del Magdalena Medio antioqueño, uno de los lugares más privilegiados de la geografía nacional por su cielo que a todas horas, cargado de intensas nubes blancas invita a soñar; por el canto mañanero y ensordecedor de las aves que lo habitan; por sus bosques ancestrales, sus fuentes cristalinas que se mueven por lechos de mármol, sus minerales y sus bondades para la ganadería.

Como en todos los negocios de su vida, don Pablo compró lo que no se podía vender. Los dueños de Nápoles, dicen las crónicas, se resistieron a salir una y otra vez de lo que calificaban como el paraíso. Cada vez que abrieron la boca para decir no, don Pablo ofreció más hasta llegar a un punto en el que los propietarios no se atrevieron a recibir más.

Transformando el mundo
Con la tierra en sus manos, don Pablo decidió amasarla a su imagen y semejanza. Contrató 750 trabajadores entre obreros, ingenieros, arquitectos, veterinarios y zootecnistas. Estos, armados con más de cien volquetas, bulldozers y retroexcavadoras, movieron todo lo que él quiso que se moviera. Talaron árboles y plantaron otros, cambiaron el curso de los vientos y las aguas, crearon lagos que surcaban buena parte del territorio, desmontaron montañas y elevaron valles hasta dar forma al tipo de zoológico que soñaba don Pablo.

Nápoles alcanzó tal majestuosidad que nadie que cruce por el lugar puede hacerlo de manera indiferente. Su principal símbolo fue una avioneta sobre la portada de la hacienda. Dice la historia que en esa aeronave don Pablo envió su primer kilo de coca a Estados Unidos. "Llevo diez años pasando por aquí y siempre pienso en Pablo Escobar", comenta Horacio López, un conductor de tractomula, que en velocidad récord se tragó un plato típico en Doradal, antes de continuar su marcha a Medellín.

Todo bajó del cielo
El mundo tiene cinco continentes y cada uno de ellos animales maravillosos, don Pablo, su familia y sus amigos señalaban con el dedo los animales que aparecían en los programas de Discovery, las enciclopedias, los libros de historia natural y en cosa de días o meses, los animales aparecían en Nápoles. Pero no solo los buscaron en la tierra, pusieron tanta comida en todas partes, que las aves que iban por el cielo bajaban y se quedaban en el zoológico de don Pablo.

Soñó con las jirafas africanas y no se sabe cómo, pero alguien las vendió, otro dio los permisos y otro más atrevido, no se sabe cómo, las metió en un avión y las puso en los verdes pastizales de Nápoles.

El Congo, Etiopía, el desierto del Sahara, las sabanas africanas y las selvas asiáticas aportaron leones, elefantes, rinocerontes, hipopótamos, tigres, antílopes, dromedarios, ñandúes, y aves de todos los plumajes y cantos. Irlanda participó con sus vacas pelirrojas, Australia con los canguros y Estados Unidos con sus bisontes. De las islas Galápago arribaron tortugas centenarias de más de cien kilos.

Las aves del paraíso, los flamencos rosados, los pavos blancos, las cigüeñas tricolor, los casuarios australianos y las garzas de cuello rojo entraron una a una, como en la historia del Arca que sobrevivió al diluvio, hasta alcanzar una colección de 1900 animales de todas las especies y regiones posibles.

Don Pablo siguió soñando. Unido a su mundo de animales e inspirado en los remotos momentos de la vida sobre la tierra creó un parque jurásico con dinosaurios más monumentales que los dinosaurios de verdad. Los artistas que dieron forma a la obra, quizás fueron más allá de lo que don Pablo les pidió y al lado de un Patagosaurus, crearon dos enormes huevos, en los que cabe un hombre parado, para dejar testimonio sobre la forma como se reproducían estos animales.

Típico del ambiente de acción con el que impuso su equilibrio y su justicia don Pablo, los artistas también enfrentaron en una pelea a muerte a un Hypsilophodon, de 30 metros de largo y 9 de alto, con un Centrosaurus, de veinte metros de largo por ocho de alto, pero provisto de un cuerno y una armadura que lo hacían invencible. Esta pelea eterna sobre el pasto de Nápoles solo tiene comparación con la que libra el gobierno tratando de expropiar la hacienda.

El otro zoológico
Más allá del zoológico y sus animales, Pablo imaginó la construcción de una serie de fincas de recreo en las que tampoco faltara ninguno de los representantes de la sociedad colombiana y lo logró. Al entrar al lugar encontró lo que señaló con el nombre de Nápoles Viejo, una casona estilo paisa, rodeada por corredores y al frente lo que más le gusta al paisa bonachón, los corrales para encerrar el ganado y acariciar a los caballos y las mulas.

El hombre la reformó, llenó sus diez piezas de camarotes, le instaló un baño romano y luego siguió de largo. En cada una de las pequeñas colinas levantó las casas de sus sueños, todas con diez y más habitaciones, piscinas de dos y tres niveles, lagos, techos de tejas rojas y columnas al mejor estilo oriental.

La entrada de la casa principal o "la mayoría", como siempre se le conoció, la decoró con doce jaulas, seis a lado y lado, de dos metros de ancho por tres de alto cada una y rodeadas de jardines. Era su zoológico privado al que solo tenían acceso sus hombres de confianza, destacados políticos y deportistas; empresarios, periodistas y visitantes extranjeros.

La mayoría contaba con piscina, discoteca, 24 habitaciones distribuidas en dos plantas, corredores exteriores, además de todo lo que podía hacerse con millones de dólares.

Contiguo a la mayoría aparecía otra enorme casona, la de los trabajadores, con 40 habitaciones, una cocina para doce cocineras, fogones de gas y carbón de seis puestos cada uno, lavadero de carros y varios talleres, de más de sesenta metros por zona para los más variados oficios, todos al servicio del complejo turístico.

Muy cerca estaba un circo romano o plaza de toros y una pista de aviación. Más allá un parqueadero colmado con autos de colección, deslizadores acuáticos, ultralivianos y todo aquello que ventilara la felicidad de los huéspedes de la gran casa.

En los cerros vecinos de Nápoles, don Pablo antes de que entrara en desgracia, construía otras seis viviendas en el mismo estilo de la mayoría. Aventajaban a ésta en el paisaje y la altura de las habitaciones, que por la forma como fueron dispuestas para que recibieran las corrientes de aire, en su interior siempre se sentía una temperatura que no pasaba de los 15 grados, mientras que en el exterior el infernal calor de la región no bajaba de los 40 en las horas de más calor.

El agua para los lagos, las viviendas, los animales, las lanchas, los hidroplanos, los cultivos de peces y el asombro de los visitantes, la tomó desde un sitio conocido como fuente azul, a más de diez kilómetros de la hacienda.

A los pocos meses, el sueño de un Nápoles lacustre en una región donde todos los vecinos se morían de sed estaba realizado. Doce millones de personas hicieron fila para visitar el zoológico. En el jardín zoológico vieron los siervos pastando al lado de las fieras, las aves del cielo muy cerca de los caimanes y a los hipopótamos sumergiendo sus cuerpos en las lagunas para tratar de mermar peso a su peso.

En el resto de Nápoles la rumba no paraba. Todo lo celebraban, el triunfo en una carrera de autos o caballos, los envíos de coca coronados, la buena amistad con Montesinos o Noriega, el enemigo que salió del medio y para siempre y las bondades recibidas gracias a la buena mano del Niño Jesús de Atocha.

Ocaso
Tanta felicidad tenía amarrada su desgracia y hubo un último amanecer para don Pablo en Nápoles y su mirada perdida esperando la dispersión del aire azul de la neblina para divisar desde su refugio las primeras lomas de la Cordillera Central al final de Boyacá. Dispuesto a despejar de todos los caminos a quienes enfrentaran su poder aplicó su dignidad luctuosa sin contemplaciones. Los crímenes de Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán, así como la guerra terrorista que emprendió contra otros carteles lo llevaron al ocaso. Nápoles fue allanado una y otra vez por el pie de fuerza nacional. La tropa lo buscó por todos lados y no lo encontró por lado alguno. Con picas rompieron las paredes de los lujosos cuartos donde una vez estuvo, quebraron las cerámicas para buscarlo en el piso de cemento, rompieron la tierra, vaciaron las piscinas, volvieron pedazos la discoteca, destrozaron los techos, metieron varillas en todo lo que sonaba hueco. Aún después de muerto, lo siguieron buscando y en la búsqueda convirtieron a Nápoles en una suerte de cementerio prehistórico, donde lo único que cobra vida es el movimiento del viento y el canto de los insectos. Nada se escapó, ni siquiera un avestruz disecado que era uno de los exóticos lujos de don Pablo. Detrás de él o de algún huevo de oro, sus enemigos "destriparon" al animal. Encontraron viruta y un esqueleto de hierro. Parte de los restos del animal sobreviven como testimonio del olvido.

En medio de la guerra, una mano misteriosa seguía enviando el dinero para alimentar a los animales. Eran tantos que el gobierno no sabía qué hacer con ellos. En una decisión salomónica, en 1991, decidieron entregárselos al Inderena, pero el gerente del instituto argumentó que ni invirtiendo todo el presupuesto de la institución alcanzaba la plata para mantener el zoológico.

De los animales del zoológico, los vecinos que los conocieron comentan que a muchos los enviaron al zoológico de Pereira, otros desaparecieron por sus propios medios o de la mano quienes tuvieron acceso a la hacienda, que aunque estuvo cinco años en poder del Estado, parecía sin control alguno. Las aves que bajaron del cielo volvieron a remontarse a las alturas al desaparecer el que las alimentaba.

De las 1.900 especies, sobreviven diez hipopótamos, que no hallaron el camino de regreso al África ardiente. "Es lo único que queda. Eran siete y ya son diez los hipopótamos. No sé si esos animales se comen pero tienen mucha carne", dice un campesino que detuvo su marcha para verlos nadar en una laguna.

Desplazados
El 15 de abril de 1998, luego de que fuera saqueado cada centímetro de Nápoles, un presidente de la República, Ernesto Samper Pizano, decidió entregar el lugar a quince familias desplazadas por la violencia guerrillera. "El presidente Samper nos dijo, aquí quedan ustedes al frente de estas tierras y este ganadito. Si el gobierno gana el pleito, esto es para ustedes. Si gana la viuda, entonces el gobierno los acomoda en otra parte", comentó Elpidio Copete, uno de los desplazados. La Red de Solidaridad les ha brindado un apoyo importante en la cría de gallinas. De eso sobreviven los desplazados. Ganan $30.000 mensuales, con eso limpian potreros y tratan de vencer el rastrojo que día tras día invade el imperio que construyó don Pablo. Dicen los desplazados que el presidente Andrés Pastrana recibió una carta para que los ayudara a rescatar la finca, pero respondió que no tenía tiempo para visitarlos. Ahora esperan la visita de Álvaro Uribe Vélez.

Todo en Nápoles es ocaso. Todo se pudre o se desploma, los coches de colección, los aeroplanos, la casa de don Pablo. El gobierno recibió un tesoro y ahora tendrá que administrar cenizas. Como diría cualquiera de sus tíos antioqueños: "En este mundo nadie sabe para quién "trabaja" Pablo".
Por el Monáco ni rondan los fantasmas

Un símbolo del narcotráfico y poder de Escobar recorre el camino del olvido.
Actual sede administrativa de la Fiscalía, no muestra huellas de su pasado.
Nuevo propietario adeuda $776 millones de impuesto predial al Municipio de Medellín.



Por
León Jairo Saldarriaga L.
Medellín

Ni la ostentación de sus primeros ocupantes ni los fantasmas que pudieron rondar la estructura averiada y desocupada tras el primer atentado con carrobomba en la ciudad, hace catorce años, están retratados en lo que hoy es el Edificio Mónaco, cuya recuperación de su propiedad es una de las últimas batallas jurídicas perdidas por los herederos de Pablo Escobar Gaviria.

En el interior de sus ocho pisos, la estructura tiene una sola característica: sobriedad. Salvo un baño del último piso que mezcla enchapes de mármol con baldosín común y una caja fuerte del tamaño de una pequeña habitación, nada alude a lo que fue la morada de un poderoso capo del narcotráfico.

A sus actuales habitantes, unos 70 empleados de la Dirección Administrativa y Financiera de la Fiscalía Seccional Antioquia, los sorprende la ubicación estratégica del edificio, un auténtico mirador con visión hacia los cuatro puntos cardinales del Valle del Aburrá. Los ventanales del último piso, donde se especula que estaban el dormitorio y estudio de Escobar, tienen una visual perfecta sobre las instalaciones del Club Campestre.

El Mónaco de hoy no guarda sorpresas. Tal vez la única, la caja fuerte empotrada en el octavo piso. Tiene una doble puerta metálica de dos metros de altura, la primera con clave de seguridad y la segunda con chapa. Al traspasarla, deja ver un cuarto de 2.5 metros cuadrados por 3 metros de alto con 4 respiraderos en sus partes superior e inferior.

Lo sorprendente es su precario contenido. "Increíble que ahora sólo guarda ganchos de cosedora, cintas para calculadora y libretas, para lo que pudo tener en otro tiempo", anota Rosalbina, una de las empleadas.

Una pequeña piscina abandonada, que formaba parte del penthouse, es otro de los "adornos" que evocan la vida que se llevaba en el Mónaco, ahora con la agitación propia del trabajo en oficinas.

La bomba lo develó
El aparente anonimato en que se mantenía la vivienda del capo se develó la madrugada del 13 de enero de 1988, cuando explotó el carrobomba que causó más destrozos en el entorno del barrio Santa María de Los Ángeles que en el blanco del ataque. A dos vigilantes les costó la vida.

El edificio sufrió daños menores en la fachada y su estructura quedó intacta. En su interior, el rigor lo padecieron los enseres y valiosas obras de arte que observaron funcionarios de la Alcaldía.

Un vecino sostiene que "nadie sabía que Pablo Escobar vivía allí, su residencia sólo se descubrió por el atentado". El Mónaco, agrega, no existía como referencia. "Era un edificio más, como cualquiera de la zona, pero apenas le pusieron la bomba se volvió famoso". Lo concreto es que después del atentado, Escobar lo dejó de habitar porque ya era perseguido por la autoridad, pero el impacto de la acción lo sintió toda la ciudad. "Medellín despertó como Beirut" y "Sería vendetta entre narcotraficantes", fueron titulares de algunas publicaciones de entonces.

Del lote al búnker
De acuerdo con el certificado de tradición y libertad de la Oficina de Registros e Instrumentos Públicos, el inmueble (localizado en la carrera 44 No. 15 sur 31) se levantó sobre cuatro lotes, dos adquiridos por Escobar Gaviria a Gilma Cortés de Angarita, mediante escritura pública 815 del 27 de abril de 1982 en la Notaría 12 de Medellín. Los otros dos los compró Victoria Eugenia Henao, esposa de Escobar, a Andrés Posada Limitada.

La construcción del edificio, que se terminó en julio de 1987, fue realizada por la firma Londoño Vayda y, según consta en el expediente del juzgado, el 29 de diciembre de 1987 Escobar vendió la propiedad por $30 millones a Luz Estela Flórez de Henao, quien un día después, el 30 de diciembre, lo vendió por el mismo valor a Manuela Escobar Henao, quien para la época tenía tres años de edad.

Tras el atentado se generó una batalla jurídica por el Mónaco que se concentra en tres pasos. En primera instancia, el Juzgado 2° Penal del Circuito Especializado de Medellín decretó la extinción de dominio del inmueble en favor de la Dirección Nacional de Estupefacientes el 27 de septiembre de 1999.

La sentencia fue apelada ante el Tribunal Superior de Medellín, pero la Sala Penal confirmó el fallo el 14 de junio de 2000. "Esto no es reciente, hace dos años quedó ejecutoriado, pero ha vuelto a cobrar interés en los últimos meses", comenta el director Administrativo de la Fiscalía, seccional Antioquia, Manuel Darío Aristizábal.

La inquietud pudo surgir en que los abogados de la propietaria, Manuela Escobar, presentaron demanda de casación ante la Corte Suprema de Justicia para buscar la revocatoria de la decisión del Tribunal Superior de Medellín. La acción no fue admitida por la Sala de Casación Penal de la Corte, a través de providencia dictada el 14 de mayo de este año. La Dirección de Estupefacientes asignó el edificio en destinación provisional a la Fiscalía General de la Nación el 31 de diciembre de 1999.

Por pocos meses estuvo allí el Cuerpo Técnico de Investigaciones, CTI, porque una tutela que instauró la comunidad del sector de Santa María de Los Ángeles, lo obligó a salir en el primer trimestre de 2000 (tras un convenio con la Gobernación, hoy ocupa las instalaciones del antiguo Tránsito Departamental, en Guayabal). "Se ordenó la salida de la parte operativa, porque la tutela pretendía que no se causaran traumatismos al sector con la presencia de personal armado", afirma el funcionario.

Después de la salida del CTI, la Dirección Administrativa de Antioquia se instaló en el Mónaco desde el 1° de diciembre de 2000, en cuyos casi dos años de ocupación se conserva el diseño estructural que recibió. "Se hace un mantenimiento riguroso para evitar el deterioro del inmueble", asegura.

La piscina principal del edificio, cuenta, se recuperó para evitar su deterioro y el del entorno, y se aprovechará para el grupo familiar de los empleados los fines de semana. Ese mantenimiento, subraya, se hace con recursos de los funcionarios, no con el presupuesto de la entidad. ¿Pero qué sigue con la ocupación del inmueble? "La expectativa es seguir hasta que el Fiscal logre la construcción de la sede que se tiene planeada para Medellín, que congregará todas las direcciones de la entidad", afirma.

La comunidad del entorno no anda en plan de querellas, pero algunos vecinos recalcan que "Fiscalía es Fiscalía". Aristizábal replica que tras la salida del CTI no se han vuelto a presentar reclamos. "Las unidades encargadas de la parte investigativa están en el Hotel Veracruz y en el Palacio de Justicia, aquí sólo está la parte administrativa", insiste.

Para el abogado César Zapata Arias, asistente jurídico, el atentado de 1988 no tiene peso en el presente. "Eso hace parte de un capítulo de la historia que ya dobló la página", recalca.

Pero el edificio que entregó la justicia a la Dirección de Estupefacientes está "enculebrado". En la cartera de la Secretaría de Hacienda Municipal aparece que los dueños del Mónaco deben, por concepto de impuesto predial, la suma de $776.075.389. Los funcionarios de la Fiscalía comentan que Estupefacientes no ha hecho el registro de la propiedad. La razón es que las cuentas siguen llegando a nombre de Manuela Escobar Henao.

Costos y cifras
¿Cuanto vale el edificio?

Cuantificar a estas alturas el valor del Mónaco va más allá de una simple operación matemática. Juan Fernando Montoya, gerente de la firma Perímetro Inmobiliario, plantea que en esa zona el precio de los apartamentos oscila en un rango entre $800.000 y $1.300.000 por metro cuadrado, dependiendo de muchas variables por tratarse de vivienda usada, y agrega que el valor de las celdas de parqueo se tasa entre $6 millones y $7 millones cada una.

Explica que una metodología clara para saberlo es el costo de reposición, que consiste en estimar el valor que tendría la edificación, afectándola por las condiciones actuales del estado, la edad y el diseño. "No se trata de pensar qué se le debe hacer al edificio, sino cuánto estaría dispuesto a pagar el mercado, dadas sus circunstancias en un momento determinado".

Montoya agrega que paralelamente con el de costo de reposición, se manejan el método comparativo de mercado y el método de la renta, que se refieren a la capacidad que tiene un inmueble de generar renta.

Con estos tres métodos, más la aplicación de factores de comercialización, subraya el experto, se encuentra el valor comercial, entendiéndose por éste el máximo valor posible que estaría dispuesto a pagar un comprador por un inmueble, libre de toda presión o urgencia por la negociación.

Al margen de las observaciones del analista, dado que el inmueble tiene un área de 8.000 metros cuadrados, su valor, castigándolo, puede estar por encima de los $6.000 millones.

Testimonio
Colombia: "El asesinato de mi marido le cambió la vida al país"


Guillermo Cano
Guillermo Cano, periodista y director del Diario El Espectador de Colombia, fue asesinado el 17 de diciembre de 1986. (Foto gentileza SIP)

Testimonio de Ana María Busquets de Cano, viuda del periodista colombiano Guillermo Cano.

"El dramático asesinato de mi marido no sólo le ha cambiado la vida a mi familia, sino que le cambió la vida al país. Porque el país, debido al auge del narcotráfico y los narcotraficantes, fue cambiando su modo de ser y su manera de actuar. La gente se acostumbró a tener dinero fácil".


Trauma para el país

"O sea que el asesinato de mi marido no solamente fue un trauma para mi familia sino también para el país, que tampoco hizo caso de sus advertencias. Guillermo fue como una especie de profeta para las cuestiones del narcotráfico y las consecuencias que podría traer si no se atacaba a tiempo".


No alcanzó con la muerte

"
El asesinato de Guillermo no bastó para que cesaran las amenazas contra mi familia. El Espectador sufrió constantemente los atentados, y mis hijos, que fueron los directores que reemplazaron a mi marido en la conducción del periódico, tuvieron que salir del país junto con sus familias durante algunos meses. Precisamente el día que regresó uno de ellos fue cuando hubo el atentado con bomba".


Ruina económica

"Todo influyó para que El Espectador fuera perdiendo económicamente su posición, ya que también se amenazó a los anunciadores del periódico con que si ponían publicidad sufrirían las consecuencias. Eso causó una hecatombe económica que fue lo que nos obligó a vender hace un par de años".


Un ejemplo

Guillermo Cano (Foto gentileza SIP)

"Otra gente, otros periodistas, se han enfrentado al narcotráfico, pero no como lo hizo Guillermo, no con tanto valor. Incluso después de la muerte de Guillermo hubo reuniones de periodistas de todos los medios de comunicación para crear un frente unido. Y ese frente unido dio muy buen resultado porque entonces ya no se podía atacar a una sola persona. Pero yo pienso que cada cual tiene derecho a su miedo propio, y el frente unido no duró mucho".


El peligro

"Nosotros estuvimos en ese peligro durante más de diez años, porque a Guillermo ya van a ser 13 que lo asesinaron. En ese mismo peligro estuvieron mis hijos dando la cara desde la dirección del Espectador. Y hasta que no desapareció Pablo Escobar del ámbito colombiano, seguimos con esa amenaza sobre nosotros..."


Fatal premonición

"Desgraciademente, Guillermo sabía lo que le podía suceder y yo también lo pensaba. Pero en ese momento, él fue el primer periodista independiente en ser atacado".

"Guillermo aquí fue una persona muy respetada. Yo pensaba, y yo creo que él mismo también pensaba, que no se iban a atrever a atacarlo como lo hicieron... Fue el primero".


Sin guardaespaldas

La camioneta en la que Guillermo Cano fue muerto a tiros en el centro de Bogotá. (Foto gentileza SIP)
"Guillermo no había tomado precauciones, ni creo que las hubiera aceptado. Porque era una persona que jamás creyó que las armas pudieran ser más efectivas que la palabra".

"Jamás en mi casa hubo armas de fuego o armas blancas porque él no las aceptaba en su casa. Aunque hubieran querido cuidarlo no hubieran podido porque él no hubiera aceptado armas a su alrededor".


Navidad trágica

"A él lo mataron el 17 de diciembre de 1986, cuando estábamos en visperas de Navidad, que era su fiesta predilecta, en la que ponía toda su alegría y todo su interés, teniendo en cuenta que ya teníamos cinco nietas y que ellas eran toda su alegría".


El legado

"Yo creo que el legado de Guillermo es algo que debe tener en cuenta cualquier periodista. La obligación de ser honesto y hablar con plena honradez sobre lo que está sucediendo, y ser capaz de advertir sobre los problemas que pueden pasar en un país".

"Fue un grandísmo defensor de la libertad de expresión en todo el mundo. Y debido a esa defensa que siempre hizo él, el premio Unesco que se da todos los años el 3 de mayo, el día de la libertad de expresión, ese premio lleva el nombre de Guillermo".

El muerto más visitado de Colombia

Pablo Escobar

Si existe un nombre en Colombia, y quizás en el mundo, que no necesite de ninguna referencia es sin duda el de Pablo Escobar Gaviria. El 2 de diciembre de 1993 cayo el capo del cartel de Medellín y nacía un mito. Desde entonces, la tumba más visitada del cementerio de Montesacro es la de Pablo Emilio Escobar Gaviria, "el muerto más visitado de Colombia", un hombre que comenzó alquilando bicicletas y cómics cuando era niño y terminó poseyendo una fortuna de miles de millones de dólares, así como un poder que hizo tambalear los cimientos de una nación. A lo largo de su historia, Escobar aparece a veces como un guerrero que despertó la admiración de sectores excluidos que lo consideran un héroe, y otras como un villano que hizo de la muerte un negocio para someter al Estado y a la sociedad.

Su figura y vida han tomado proporciones míticas, tanto en Colombia como a nivel mundial. En los años 80 fue uno de los diez hombres más ricos del mundo según datos de la revista Forbes. En los 70 un delincuente menor con una única visión, según sus propias palabras: convertirse, antes de su muerte, en el narcotraficante más importante del siglo XX. Pablo Escobar, sin duda, lo consiguió.

Biografía de Pablo Escobar

Pablo Emilio Escobar Gaviria (2 de diciembre de 1949 - 12 de enero de 1993) fue el mayor capo de la mafia colombiana y el criminal más grande que ha tenido el país.

Empezó su carrera robando autos en las calles de Medellín pero pronto se involucró en el tráfico de marihuana hacia los Estados Unidos. En la década de los setenta se convirtió en una pieza clave para el tráfico internacional de cocaína, con el cuál llegaría a acumular una fortuna superior a los tres mil millones de dólares y a ser uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes.

Pablo Escobar

Con su dinero construyó muchas obras benéficas para los pobres, entre ellas varias canchas de fútbol y un barrio entero llamado “Medellín sin tugurios”. Se ganó así el apoyo popular que lo llevaría a la Cámara de Representantes por el movimiento Nuevo Liberalismo, que había fundado Luis Carlos Galán. Como congresista, fue invitado en 1982 a la posesión presidencial de Felipe González en España. Escobar, parlamentario colombiano en aquel entonces, fue invitado por el PSOE a la ceremonia antes descrita, en otro de los hechos que corroboran su título como el capo de la mafia que mayor trascendencia política, social, económica, judicial, cultural y hasta deportiva tuvo en el siglo XX.

En 1983 fue expulsado del movimiento político y denunciado por el entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, a quien mandó a asesinar dando inicio a uno de los periodos más violentos de la historia reciente de Colombia.

Entre sus crímenes más notorios está el haber hecho estallar un avión de Avianca en pleno vuelo, con un saldo de casi doscientos muertos. . En la campaña presidencial de 1989 asesinó a varios candidatos, entre ellos Luis Carlos Galán, quien tenía una clara ventaja en las encuestas y se perfilaba ya como el próximo presidente. También hizo dinamitar el edificio del DAS, la policía secreta colombiana, buscando acabar con su director, el general Miguel Alfredo Maza Márquez, quien salió ileso a pesar de que la edificación quedo completamente destruida. Dicho atentado le costó la vida a cerca de setenta personas y causó centenares de heridos.

Tras amedrentar al gobierno de Cesar Gaviria Trujillo mediante la violencia, se entrega a la justicia en junio de 1991 con la condición de no ser extraditado. Es recluido en “La Catedral”, una cárcel en el municipio de Envigado construida según las especificaciones de Escobar y desde donde siguió delinquiendo, ejecutando incluso a viejos compañeros de la mafia en sus instalaciones, entre ellos los hermanos Moncada Galeano. El 22 de julio de 1992 se fuga tranquilamente tras haberse enterado de que iba a ser trasladado de prisión.

El asesinato de los Moncada hizo que personas en la mafia y en los paramilitares conformaran un grupo que se hizo llamar “Los Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar) que utilizó las mismas tácticas terroristas para enfrentar al capo. Pusieron bombas en sus edificios, asesinaron a sus abogados y profundizaron el baño de violencia que sufría Colombia.

Escobar abatido

El gobierno colombiano conformó un grupo especial llamado el Bloque de Búsqueda con el único objetivo de capturarlo. Con el soporte logístico de Estados Unidos, empezaron a desarticular su red de sicarios y a dar de baja a sus principales lugartenientes. Finalmente, el 2 de diciembre de 1993 fue muerto en un operativo desatado tras la intercepción de una llamada de Escobar a su familia. Las autoridades impidieron además la salida de sus hijos hacia el exterior, aunque contaban con visados legales expedidos por la embajada estadounidense. La estrategia de acosarlo y agotarlo fue para la policía el medio para aniquilarlo. Sus perseguidores localizaron el lugar de origen de las llamadas y encontraron en la vivienda prácticamente indefenso al otrora jefe de un ejército de pistoleros que obedecían ciegamente sus órdenes.

Aunque Escobar opuso resistencia disparando al mismo tiempo dos pistolas mientras trataba de escapar por el tejado de la casa en la que se había ocultado tiempo atrás, no logró eludir el fuego de la fuerza élite y su robusto cuerpo se desplomó con el rostro cubierto de sangre.

Está enterrado en Jardines Montesacro, un cementerio de Medellín.

Su familia estaba conformada por Victoria Henao, con quien se casó cuando ésta tenía quince años, y sus dos hijos, Juan Pablo y Manuela. Después de la muerte de Escobar salieron del país, pero fueron devueltos en cuanto pisaron España, corriendo con la misma suerte en Alemania. Finalmente se instalaron en Buenos Aires, donde han tenido varios problemas legales. Para alejar el estigma de tener el apellido de Escobar, decidieron cambiarse de nombre. Así, Victoria pasó a llamarse María Isabel Santos Caballero, Juan Pablo es ahora Juan Sebastián Marroquín y Manuela se llama Juana.

No dejó gobernar a tres presidentes. Transformó el lenguaje, la cultura, la fisonomía y la economía de Medellín y del país. Antes de Pablo Escobar los colombianos desconocían la palabra sicario. Antes de Pablo Escobar Medellín era considerada un paraíso. Antes de Pablo Escobar, el mundo conocía a Colombia como la Tierra del Café. Y antes de Pablo Escobar, nadie pensaba que en Colombia pudiera explotar una bomba en un supermercado o en un avión en vuelo. Por cuenta de Pablo Escobar hay carros blindados en Colombia y las necesidades de seguridad modificaron la arquitectura. Por cuenta de él se cambió el sistema judicial, se replanteó la política penitenciaria y hasta el diseño de las prisiones, y se transformaron las Fuerzas Armadas. Pablo Escobar descubrió, más que ningún antecesor, que la muerte puede ser el mayor instrumento de poder."

lunes, agosto 01, 2005

Los cuatro rostros del terrorismo

La época en donde los asesinatos eras cometidos únicamente por motivos políticos quedaron atrás, no sólo en los calendarios. Hoy la cultura del terror en Colombia se ha especializado en sus métodos y se ha extendido por todos los niveles de la sociedad. Nadie está excento.
Por Jorge Mahecha
Calle22.com


El 9 de abril de 1948 marcó un hito en la historia de Colombia. No sólo por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, sino porque ese día el terrorismo llegó al país para quedarse. Desde ese momento, la violencia, en todas sus expresiones, se manifiesta en esta nación, produciendo caos y destrucción a todo nivel. Van 42 años de muerte y seguimos contando.

Pero al tiempo que ha cobrado, según cifras oficiales, cerca de 300 mil vidas, las acciones terroristas se han tecnificado hasta instaurar el empleo de métodos que superan en mucho los peores ejemplos de la historia universal.

En Colombia, para empezar, el terrorismo no puede entenderse sólo como la explosión de carros bomba o la generalización absurda del genocidio. Tiene que ser visto como una política de Estado que se ha extendido a todos los niveles de la sociedad, como lo manifiesta una investigación realizada por el violentologo Oswaldo Ramírez:

"La crisis de los derechos humanos en Colombia no ha tenido las manifestaciones externas de las dictaduras militares que asolaron el continente latinoamericano en las décadas pasadas; pero se ha alimentado de las mismas prácticas en la comisión de crímenes de lesa humanidad: torturas, ejecuciones extrajudicales, desapariciones forzadas y genocidio; en un marco similar de terrorismo de Estado. Lo peculiar y paradoxal a la vez es que hablamos de un formal régimen civil que se ufana de ser una de las democracias más estables y antiguas del continente".

Muerte, política oficial
El Estado ha sido responsable de múltiples desplazamientos humanos, sirviendo a intereses de multinacionales (caso de las bananeras en 1928), o simplemente como resultado de la represión política, especialmente en los centros universitarios.

Así mismo, como lo menciona un informe sobre sobre la política en Colombia realizado por el Partido Comunista Colombiano, "ha permitido, y en algunos casos patrocinado, la aniquilación de movimientos políticos como la Unión Patriótica", organización que nació en 1985 como una alternativa política de las Farc, pero cuyos cerca de dos mil miembros, incluidos el candidato presidencial Jaime Pardo Leal y el congresista Bernando Jaramillo, fueron asesinados o desaparecidos.

Desde hace más de 40 años, apoyado en los conceptos emitidos por la Escuela de las Américas, el estado colombiano financia grupos de autodefensa, que inicialmente tenían como objetivo impedir el avance de grupos procomunistas. Hoy, estas organizaciones se han reunido en una fuerza militar que hace las veces de estado paralelo en varias regiones del país.


Drogas, bombas, y sicariato
Y que decir del narcotráfico. Durante la década de los 80, cientos de civiles murieron en atentados con carros bomba en Bogotá, Medellín y Cali, en medio de la guerra que sostenían las organizaciones de narcotraficantes más grandes del mundo (el cartel de Cali y de Medellín), y su lucha contra la extradición. El recuerdo más vivido de esos oscuros años fue el atentado con más de 500 kilos de dinamita a la sede del Departamento Adminsitrativo de Seguridad, DAS, en Bogotá, que destruyó más de 20 cuadras a la redonda.

Pero más allá de las bombas y de la generación de la economía ficticia que se movía alrededor de este ilícito, el narcotráfico dio a la luz el sicariato. Un fenómeno que llevó a jóvenes que no pasaban de los 15 años a convertirse en asesinos motorizados, solo para ganarse una nevera para su mamá que vivía en los barrios de invasión.

Muchos de los jóvenes que formaron parte de los ejércitos del narcotráfico murieron, otros lograron escapar o están en las cárceles. Pero la conclusión real es que hoy toda una generación sin futuro vive en los cinturones de miseria tratando de encontrar una salida similar a sus vidas.

Claro que el Estado respondió con las mismas armas. Según una investigación realizada por el periodista estadounidense Mark Bowden, las muertes de Pablo Escobar y los principales miembros de su organización, fueron fruto de una operación conjunta entre la policía colombiana, agencias de inteligencia de Estados Unidos y un grupo integrado por militares denominado Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar).

Los dineros del narcotrafico influyeron en todos los niveles de la sociedad, abriendose campo gracias a la violencia y eliminando a quienes se oponían a sus propósitos. Luis Carlos Galán, líder del nuevo liberalismo y quien era ferviente enemigo del tráfico de drogas y de la política tradicional, fue asesinado en 1989 como consecuencia de una alianza entre miembros del cartel de Medellín y senadores del partido liberal. Y en 1995, Alvaro Gómez Hurtado, ex designado conservador y lider de la oposición del mandato de Ernesto Samper (quien recibió dineros del narcotráfico para financiar su campaña a la presidencia) fue asesinado a la salida de un centro universitario, hecho al cual han sido vinculados varios miembros de la inteligencia del Ejército.

¿Guerrilla, narcoguerrilla, ó nuevo cartel?

A ese panorama, se suman los grupos armados en armas. Los cuales han pasado de los ataques a pueblos pequeños y asaltos a las sedes de la Caja Agraria que caracterizaron su accionar durante años, a las minas antipersonales, hasta llegar a los ataques con pipetas de gas y los secuestros masivos de civiles y militares. Actualmente, el 70 por ciento de los más de dos mil secuestrados que existen en Colombia están en poder de las Farc y el Eln, sin contar a los 500 soldados que permanecen retenidos en un campo de concentración ubicado en medio de la selva al cuidado del "Mono Jojoy".

En Cali, segunda ciudad de Colombia, en menos de un año, el ELN realizó dos secuestros masivos de civiles. En uno de ellos fueron retenidas más de 30 feligreses que estaban asistiendo a un acto religioso; mientras que en el otro, 30 personas que departían en varios restaurantes de una zona turística aledaña a la ciudad fueron secuestradas, pero gracias a una fuerte acción militar, fueron liberadas en su totalidad dos meses después. Sin embargo tres secuestrados fallecieron en cautiverio.

Terrorismo en grande
La delincuencia organizada ha tomado como ejemplo las acciones terroristas que desde el Estado y desde la insurgencia han puesto contra la pared a 40 millones de colombianos durante los últimos 40 años.

No sólo han estado al servicio de uno u otro bando, como la banda La Terraza de Medellín que realizó a nombre de las autodefensas varios asesinatos como el del humorista Jaime Garzón y el secuestro de varios políticos antioqueños, sino que han utilizado los mismo métodos del narcotráfico y la guerrilla para alcanzar sus objetivos.

Es así, como el mundo vio con horror como Ana Elvia Cortéz, una humilde campesina del municipio de Chiquinquirá, murió al explotar un collar bomba que le había sido colocado para presionar la entrega de 15 millones de pesos.

Aunque inicialmente se creyó que había sido obra de la guerrilla, días después se conoció que delincuentes comunes, que operaban en la región, habían recurrido a este método tras enterarse de que uno de los hijos de la campesina había recibido esa cantidad días antes.

Ojo por ojo
Y como los colombianos somo tan buenos para imitar... lo malo, ya las riñas personales no se resuelven a los golpes, sino con sicarios. Incluso en varias ciudades hay lugares donde uno puede ir y localizar a un mercader que por 50 o 100 mil pesos "le hace la vuelta".

En Cali, a medidados de noviembre, mientras la guerrilla atentaba con cilidros de gas la sede de la Tercera Brigada, dueños de varios locales comerciales arreglaban sus diferencias lanzándose petardos a las puertas de los negocios.

Ya se dice que la guerrilla y las autodefensas tienen helicópteros artillados, lanza-cohetes, y como van las cosas, el día de mañana tendremos un misil nuclear guardado en el Putumayo.

Y la cosa no es sólo en el mundo de los negocios. Miguel Acevedo, un estudiante unviersitario, dice que las riñas entre estudiantes se han convertido en verdaderas "vendettas". "Si uno quiere pelear con alguien primero tiene que averiguar el respaldo que tiene, porque si uno comienza una pelea se terminan metiendo 20 más y el problema sigue por días y se agrava a medida que pasa el tiempo".

Lo peor de todo es que la gente se acostumbra. Ya no se impresiona al ver un muerto al frente de su casa. Los noticieron sólo cubren homicidios si los muertos "son de 10 para arriba", y la gente insiste cada día en resolver sus problemas a los puños y no con las palabras. Una espiral de violencia que crece y crece.